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Newsletter nº 74, Septiembre 2010
Dagur Kári
En muchas ocasiones la selección de los actores para una película es fundamental: una buena interpretación puede ensalzar a magistral un guión simplemente correcto del mismo modo que una mala interpretación puede convertir un buen argumento en una historia espantosa y largamente insufrible.
En The good Heart (tercera película del Francés-islandés Dagur Kari) los actores representan el 99% del film, Brian Cox y Paul Dano ejercen un diálogo que roza la perfección, si bien el guión es simplemente correcto, con su interpretación hacen que la película merezca toda la atención.
La película transcurre en cualquier sucio callejón de Brooklyn, Jacques es dueño de un lúgubre bar cuyo único destino posible es el cierre, con una pequeña clientela fija (la mayor parte formada por típicos perdedores) que se arrastran hasta la barra del bar donde a diario ahogan sus penas. Jacques curiosamente es un personaje arisco y totalmente antisocial que tras su quinto ataque de corazón conoce en el hospital a Lucas (un homeless que acaba de fallar en su intento de suicidarse) y decide darle una pequeña oportunidad, ofreciéndole un trabajo abusivo en su bar a cambio de comida y derecho a dormir en él. La bondad de Lucas hará que se vayan sucediendo una serie de cambios tanto en el bar como en la actitud de sus clientes.
La película habla de Nueva York sin apenas ofrecer una imagen de la gran ciudad, habla de la gente tan diferente que habitan y comparten espacio entre los barrios de esta gran ciudad, de la soledad como elección equivocada, del aislamiento y del carácter antisocial, de estrictas normas de conducta, de la desesperación y superación, y porque no afirmarlo, incluso de la redención.
El director explica que el principal objetivo de la película es mostrar la coraza que algunas personas construyen para protegerse de la sociedad, aislándose de los demás, creando un entorno en que parezca estar todo bajo control ante las hostilidades del mundo. Del mismo modo, los pequeños cambios imperceptibles que se van sucediendo de manera tan simple a través del día a día, realizando un cambio radical en las personas en un corto espacio de tiempo.
Creo que siempre existe algo tipo magia especial en las películas que transcurren en un espacio reducido: habitaciones, garajes, bares... Obviamente, un buen guión, una buena localización y atmósfera acorde y una buena interpretación siempre son mejores que la reunión de todos los efectos especiales más innovadores: la poética del cine es así.
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Newsletter nº 72, Junio 2010
Ben Whalley BBC Four
Hace algún tiempo que hablamos del magnifico trabajo del documental musical para televisión "Krautrock: The Rebirth of Germany" pensado y realizado por el equipo del director Ben Whalley para la BBC. Sin embargo no fue el primero sino el segundo trabajo de investigación del equipo. El primero fue el que prendió la mecha y apuntó hacia Alemania como vértice creativo o investigar y adaptar a las islas.
Aprovechando la presencia en el Primavera Sound de totems del synth pop británico como Marc Almond (alma de Soft Cell) o de Gary Numan (el primero de todos los tecno pop boys en salir en Top of the Pops), la vuelta a los escenerios españoles de Roxy Music (primeros experimentales electrónicos británicos) en el Sonar de Barcelona se me antoja necesario recalcar que dentro de la programación del SonarCinema se estena por fin "Synth Britannia".
El documental, elaborado con gusto, con imágenes de archivo de calidad, rodado en las localizaciones originales y con infinidad de protagonistas (creo que no falta ninguno de los gordos) es una excelente muestra de documento detallista sobre lo que ocurrió en el Reino Unido cuando a las generaciones nacidas a la sombra del punk les cayó un sintetizador (ya más baratos entonces que en sus comienzos) en las manos.
Eso y ver a Kraftwerk en directo (como reconocen OMD) fue fundamental para establecer una escena heterogénea y dispersa poblada de pequeñas celulas creativas independientes a lo largo y ancho de toda Inglaterra. Una escena sin lazos ni nexos directos (como afirman Throbing Gristle) pero con muchas cosas que decir usando fríos teclados industriales para resaltar cierta alienación urbana presente en obras como "La Naranja Mecánica" de Anthony Burgess o "Crash" de JG Ballard.
Así se suceden protagonistas, pioneros y seguidores, rompedores y continuistas, postpunks y tecno popers así como figuras seminales como el músico Daniel Miller, miembro de The Normal y fundador del sello Mute donde publicarían más tarde leyendas del movimiento como los longevos Depeche Mode.
Se suceden testimonios impagables con una capacidad narrativa asombrosa acompañados de video clips (lenguaje musical aún en pañales en aquella época y campo de pruebas para el componente experimental de todos ellos) y actuaciones en directo de la época en Sheffield, Liverpool, Shoredicth y la televisión pública. Maravilloso como Bernard Summer comenta que se tiró dos meses haciendo un sintetizador a mano para Joy division y al final no funcionó, o como Depeche Mode tuvo desencuentros con una sociedad aún muy masculinizada y asociada al rock de guitarras como la de aquella década (no sólo por la raya de los ojos sino por las uñas pintadas).
Todo esto son anécdotas sintomáticas de cómo aquellas bandas que "sólo tocaban teclas" no gozaron del reconocimiento musical que se merecían y fueron atacadas por frívolas y heterodoxas por la ortodoxa y primitivamente rockera prensa musical de la época.
Hoy en día sus protagonistas son respetados y se dejan caer por festivales en España con frecuencia como es el caso de The Human League, OMD, Heaven 17, Yazoo, Ultravox o Pet Shop Boys recientemente. Si no puedes verlos en directo por lo menos acercate al Sonar Cinema o simplemente abre esta ventana de Youtube y deleitate con el caudal de recuerdos que emana de la pantalla.
Unforgetable!
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Newsletter nº 71, Mayo 2010
Giorgos Lanthimos
No hablamos de intriga, ni de terror psicológico, ni de thriller al uso, desde el primer plano nos quedamos atónitos ante la pantalla, haciéndonos continuas preguntas sobre lo que estamos viendo. La tercera película del joven director Giorgos Lanthimos va mucho más allá del cine convencional.
La historia transcurre en un lujoso chalet a las afueras de Atenas donde vive una familia: Padre, Madre, Hermana Mayor, Hermano y Hermana Menor, nunca sabremos sus nombres. Padre es el único miembro que sale de la casa para ir al trabajo, los demás durante toda su existencia nunca han salido de ella, ajenos al mundo exterior, los hijos continúan siendo niños aunque tienen más de 20 años, viven en un mundo hermético asilados de la sociedad, jugando a juegos inventados, siguiendo unas normas de comportamiento estrictamente predefinidas, amaestrados por Padre utilizan un lenguaje y unos patrones emocionales propios. En la casa Padre ejerce de Dios.
Ante la posible amenaza de contaminación exterior de este mundo supuestamente "feliz e ideal", el relato se va degradando sórdidamente con absoluta claridad: distorsión del lenguaje (la palabra "mar" equivale a un sillón del comedor, un "coño" es una lámpara grande, un "zombie" es una florecilla amarilla), negación de la realidad, secuestro de la libertad individual, aniquilación del intruso, animalización, depravación moral.
Una película tan sencilla como totalmente claustrofóbica, de unos encuadres y perspectivas insólitas y perfectas, donde el director ofrece la visión exacta de lo que quiere reflejar ofreciendonos el concepto de "cine en tensión", cuando en algunas escenas podemos encontrar anécdotas supuestamente cómicas, el director no duda en hacernos reaccionar bruscamente para que volvamos a analizar la gravedad de la situación.
El filme hace plantearnos tantas preguntas que posiblemente no tengan respuesta... el resultado tras su visualización es cualquier cosa menos indiferente.
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Newsletter nº 71, Mayo 2010
Macba, Barcelona Hasta el 9 de junio
Que el documental lleva varios años en auge como vehículo para aprehender la realidad e invitar a la reflexión más humana no lo cuestiona nadie. Premios, público y festivales como el reciente Documenta Madrid o el In Edit Beefeater en lo musical refrendan sus hallazgos.
La calidad de las historias, lo barato del rodaje en muchos casos, la pasión e ilusión sin límites de sus creadores, la actitud crítica y el componente de aventura o de viaje son alicientes que hacen del documental un pedazo de verdad sin edulcorantes ni posproducciones. Carne cruda rica en proteínas.
El Macba, siempre sensible al renacimiento de géneros y a dar al César lo que es del César, dedica una retrospectiva al cineasta británico Peter Watkins (Norbiton, 1935), uno de los padres del docudrama y del falso documental. Géneros en sí mismos susceptibles de falsear el mundo que experimentamos y confundir al espectador, pero que sin embargo apuntan a lecturas más incisivas de la realidad reflejada.
Así Watkins se ha dedicado con ahínco a repensar el papel del público para liberarlo de las estructuras autoritarias de lo que él denomina 'monoforma'. Es decir, el suprasistema que forman los medios en torno a la realidad social. O dicho de otro modo, cuestionar la realidad que se nos vende cada día desde las superestructuras de poder y los medios de comunicación de masas. Algo que le ha alejado diametralmente del circuito comercial.
En su filmografía encontramos recreaciones de hechos históricos protagonizadas por actores no profesionales, transposiciones del estilo visual del periodismo televisivo o ficciones futuristas que indirectamente pretenden suscitar la implicación del público en asuntos cruciales para el futuro de la humanidad, como la guerra, la libertad de conciencia o la persistencia de las desigualdades sociales.
Francotirador del pensamiento crítico y generador de debate sociocultural en palabras de Deimantas Narkevicius, comisario del ciclo, Watkins es "uno de los cineastas más brillantes de todos los tiempos (y no exagero)... que alteró la propia concepción del arte del cine, del cine entendido -inevitablemente- como cierta actividad social".
A pesar de que el ciclo se inició en Abril todavía estamos a tiempo de asistir a las proyecciones de "Edward Munch", "The journey" y "Punishment park" y profundizar en una figura tan crucial como comprometida con su tiempo. A fin de cuentas, el nuestro.
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Newsletter nº 69, Marzo 2010
Takeshi Kitano
La última película del genial Beat Takeshi deja contento en su final, pero con sensaciones agridulces entre medias. Presentada a concurso en el festival de Venecia de 2008, causó revuelo en crítica y público y fue nominado al León de Oro.
Debido a la poca repercusión de sus dos últimas cintas Takeshis y Kantoku-Banzai!, ambas parte de la trilogía sobre el arte que cierra ahora, se antoja difícil distribuir su primera película de época (o río) en plena coyuntura de crisis. Digo esto porque rodar al estilo Kitano con 119 minutos y sin apenas acción o atisbos de expresividad sigue siendo un ejercicio sólo apto para valientes o idiotas.
Kitano, curtido en televisión, mitad payaso mitad jacuzza, de expresividad minimal o directamente nula, se embarca en una obra que narra los orígenes de Machisu, un niño especial, sensible y dotado para la observación calma de su entorno y la pintura y que pronto aprende los caprichos del funesto destino.
Rota su acomodada familia y muerto su padre por honor (o cobardía), él y su madre buscan refugio en el campo junto a su cuñado. Este sólo es el primer paso de una huida hacia delante donde todo está sometido a la búsqueda constante del arte, del genio, de la creatividad, y, en su caso, de una personalidad más definida. Todo ello con la fatalidad por montera y la muerte siempre presente de manera intencionada o accidental.
Salto temporal, escuela de arte, novia, pinta desnudos, experimenta con sus compañeros de academia, colores vivos, formas diferentes de representar la realidad, teoría y práctica, talento o mediocridad, muerte de nuevo, pareja, hija, sin dinero... y una figura importante. Sin padre desde niño, Machisu busca el reconocimiento y la aceptación a través del arte, allí encuentra su figura paterna. El marchante de arte, presente desde la mitad del film, le dice cuando hace algo excepcional o pura mierda, le alimenta su confianza o la destroza, le da consejo y le guía, le anima a experimentar, a profundizar en los genios, es una conciencia externa que le hace avanzar y le acerca a la tortuga.
Con la entrada en la edad mediana se rebaja el tono de la historia (cosas de envejecer) y aparecen la burla y el gag (su propia hija se avergüenza de sus padres), gracias a que la experimentación sin limite le lleva al absurdo del arte. Cada vez se expone más en busca del reconocimiento mientras imita casi a la perfección cualquier corriente pictórica que vaya desde Monet a Basquiat pasando por Pollock o Miró. Recuerda al protagonista de El Perfume, Grenouille, obsesionado por capturar la esencia del ser completamente ajeno al resto del mundo, aislado en su tarea.
Machisu encuentra el concepto, la reflexión que en teoría provoca todo arte y lo utiliza en su obra, pero tampoco consigue su objetivo. Y sigue y sigue, como Aquiles persiguiendo la tortuga que nunca atrapa. Quizá esa sea la única verdad detrás de todo arte, perseguir una idea de belleza, de canon, de equilibrio, de provocación, de crítica, de conocimiento, de caos, de rabia, de suciedad, de ruptura, de alumbramiento... hay tantas como seres humanos. Perseguirla sin poseerla. No es la mejor película de Kitano (Dolls, Zatoichi, Hana Bi, Brother...) pero para perseguir la tortuga de la verdad no está mal.
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