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Colección Kreisler de post graffiti Iguapop Gallery | Barcelona Hasta el 30 de enero
A mediados de los 90, la ciudad de Barcelona, enfrascada en su propio interés por encabezar una nueva modernidad, vivió un 'boom' artístico a pie de calle. No quedaba metro cuadrado de pared limpia que no fuese deseado por los artistas graffiteros de la zona que -emulando a los consagrados Haring o Basquiat- imprimían su firma o marca, agitando de este modo la modernidad de la ciudad.
Es el reconocimiento de los primeros artistas locales: Chupet Negre es entrevistado en televisión, Miss Van, Freaklüb, o Boris Hoppek son nombres reconocidos dentro de la escena; se reciben visitas internacionales de ilustres como Faile, Obey o Banksy e incluso se llegan a editar libros y DVD's sobre los graffitis de la ciudad.
En 2006 se aprobó la ordenanza contra el incivismo, que criminalizaba, entre otras actividades, el graffiti y el skate dentro de zonas públicas. Todas estas prohibiciones no han hecho más que evolucionar el graffiti y convertirlo en street-art, obteniendo una evolución y amplitud de su lenguaje y encontrando una vía de institucionalización y reconocimiento. Su entrada dentro del círculo de galerias de arte contemporáneo, y de allí al reconocimiento internacional del autor y la participación en sus obras en las subastas mas importantes del mundo y muestras dedicadas en los museos más importantes como "Spank the Monkey" en Baltic, "Street Art" en la Tate Modern o "Beautiful Losers", que recaló en La Casa Encendida el pasado año.
Quiero pensar que estamos a las puertas de una nueva evolución post-graffiti, donde los principales artistas 'reconocidos' estan siendo fagocitados por el entorno comercial que les absorbe: Banksy anda en plenas disputas por obtener el trono de graffitero más importante de Candem. El proyecto Space Invaders que recorría toda Europa dejando su marca a golpe de baldosín de piscina, ha mutado bajo el nombre de Invader vendiendo sus obras vía web, Shepard Fairey (Obey) se ha convertido en una marca de consumo juvenil masivo, mientras las tablas de madera graffiteadas de Faile se pagan a un precio 100 veces superior de lo que costaron hace seis años... todo delirante.
La exposición POST muestra una gran variedad de piezas de estos y otros muchos artistas recolectadas por Eduardo Kreisler, galerista y apasionado coleccionista de street-art, el mejor momento para ver estas obras de cerca... quizás la próxima vez será en el MOMA, el Louvre o La Capilla Sixtina, ¿quién sabe?
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BAM Gallery | California Hasta el 7 de febrero
A pesar de que nos vamos insensibilizando a diario con las imágenes de violencia y muerte cada vez más duras en los informativos, seguro que permanecen en la memoria de todos aquellas fotografías que dieron la vuelta al mundo de las torturas a los presos iraquíes de la cárcel de Abu Ghraib. El programa de la cadena norteamericana CBS, 60 Minutes II, sacó a la luz las terribles atrocidades que cometió el Ejército de EEUU.
El periodista de investigación y ganador de un Premio Pulitzer, Seymour Hersh, publicó, una semana después, en la revista en la que suele colaborar, The New Yorker, un artículo en el que describía detalladamente los abusos y humillaciones a las que fueron sometidos los presos. El pintor colombiano Fernando Botero (Medellín, 1932), leyó este artículo en un vuelo a París, y ya en el avión comenzó a dibujar bocetos con lo que le sugerían esas sádicas descripciones.
El resultado, una vez en su estudio, fue una serie de obras que realizó en 14 meses. Botero fue numerando los trabajos según los iba haciendo, como Abu Ghraib 1, y así sucesivamente, con el objetivo de "visualizar la atmósfera descrita en los artículos, hacer visible lo que era invisible". Así, sus orondas y características figuras tomaron la forma de presos iraquíes sometidos a sufrimientos entre rejas.
Lo que es cierto, es que es imposible quedarse indiferente ante las pinturas. Aunque la realidad ya sea de por sí espeluznante, más lo es que un hecho tan denigrante y deleznable tenga que evitar ser olvidado a través del arte. El perpetuo recuerdo podrá verse, además, en el mismo EEUU. El artista ha donado 56 pinturas a la Universidad de Berkeley (California), lugar donde ya se mostró la serie en 2007 y dada la tremenda expectación que causó, Botero ha decidido que permanezca allí.
Fernando Botero es un pintor, escultor y dibujante considerado como el artista latinoamericano vivo más cotizado del mundo. Inició su carrera en Bogotá, aunque años después se trasladó y viajó por Europa para estudiar a los maestros españoles e italianos. En 1960 se instaló en Nueva York y París, y comenzó a ser conocido por sus sensuales y volumétricas figuras. La serie Abu Ghraib cuenta con un precedente, y son sus cuadros de dictadores y juntas militares de la historia latinoamericana. La impresionante obra de Botero podrá verse en la galería BAM de California hasta el 7 de febrero.
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Adam Elliot
A veces y cada vez menos, el cine se convierte realmente en un arte. La primera película del director australiano Adam Elliot -ganador de un oscar en 2003 por su corto "Harvie Krumpet"-, representa mucho más que un canto a la amistad. Habla de las relaciones humanas, de la sociedad en la que vivimos e invita a reflexionar sobre muchos temas que aparecen citados a lo largo de esta bonita historia. A pesar de ser una película animada realizada en stop motion con plastilina, es un film para adultos que no busca que nos veamos reflejados en los personajes, pero sí que sintamos una tremenda humanidad por ellos.
Mary es una inteligente, introvertida y soñadora niña de 8 años que vive en Melbourne. Ella realmente está sola y es una incomprendida. Dentro de su corazón necesita encontrar alguien especial que quiera ser su mejor amigo. Por ello decide escribir una carta y contactar, al azar, con un desconocido que vive en Nueva York: Max Horowitz, un judío convertido en ateo de 44 años, autista, obeso e inadaptado dentro de la sociedad de la gris "Gran Manzana".
A través de las cartas que se envían Mary y Max, vamos conociendo poco a poco a los personajes, su visión del mundo, y una serie de reflexiones tratadas con una delicadeza excepcional sobre temas tan dispares como el suicidio, el ateísmo, la homosexualidad, el autismo, la taxidermia, la psiquiatría, el alcoholismo, la obesidad, la cleptomanía, la falta de confianza, las diferencias religiosas, la sexualidad, la soledad o la depresión.
Desgraciadamente, la programación de esta película no esta prevista en los cines de nuestro país -a pesar de haber ganado más de 100 premios en certámenes y festivales-, así que recomendamos obsesivamente su visionado o compra en DVD. Sería una lástima perderse una de las películas más inteligentes y sensibles que podemos ver estos últimos años.
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Yeasayer Secretly Canadian
Llevamos unos años con la etiqueta "afro" pegada al culo a base de Vampire Weekend y sucedáneos (The Very Best of) pero el afrobeat existe desde hace décadas de la mano de Fela Kuti y su prole, posteriormente en manos rock con David Byrne, en clave más experimental y noise con Liquid Liquid y vía mainstream con apuntes de Paul Simon. Todos vienen de lo mismo, pero el afropop es otra cosa, y la música espiritual de inspiración africana, étnica u oriental, sobre todo en la polirritmia, es una cosa bien distinta.
El cuarteto de Brooklyn, Yeasayer, alumbró su anterior disco "All our Cymbals" con cuatro perras, cuatro días de estudio y mucha post producción doméstica. Allí había música espiritual más por su cariz poderoso y redentor que por su querencia religiosa. Para ellos la música es su religión, su medio expresivo más elevado. Así. no extraña la importancia de las armonías vocales, los juegos de voces, la síncopa y la percusión cacofónica en la que ahondan en su nueva entrega. Se podría llamar psicopop electrónico pero no creo que nadie necesite más etiquetas cuando el disco se explica por sí solo.
Dejando aparte el bombazo de su primer single "Ambling Alp" (pluscuamperfecto videoclip y fidedigno documento del trasvase de identidad de grupo a imagen realizado por Radical Friend) lleno de fuerza y autoafirmación del perdedor (del buen yo) con estribillo brillante Stick up for yourself son, never mind what anybody else done y polirritmia salpicada con trompetas (Tv on the Radio), falsetto y gotas de funky. Demoledor y pegadizo a la primera
El resto del disco se mueve entre cantos espirituales sobre colchones de sintetizadotes vaporosos y filtros como en la cuasi balada "Madder Red" y la preciosa y delicada invocación de "I Remember".
Otras empiezan en coordenadas próximas a Neon Indian, Washed Out o Passion Pit para acabar rotundas emulando al RnB de Justin Timberlake como en "Love me Girl" o acercándose al libro de estilo de Talking Heads con la fuerza vocal de Michael Jackson en "One", otro temazo bailable en mayúsculas.
De ahí al final heterogeneidad estilística pero sin desentonar con el tono general del resto del álbum. "Rome" es Devo de viaje en África mirando a Blondie -exagero un poquito-. "Strange Reunions" tiene palmas, pájaros, ecos, overdubs, delays, cacofonías y podría ser la BSO perfecta para el paseo LSD en el bosque 3D de "Ávatar". "Mondegreen" purito funky trompetero, contagioso y saltarín que recuerda al Beck circa "Midnight Vultures" con Alan Vega al micrófono. "Griselda" cierra el disco y nos alumbra una subida a los cielos vía naturaleza que te deja la mar de contento.
Sólo un detalle, la primera canción "The Children" es una frikada desconcertante pero asienta y acomoda la percepción posterior del resto del disco. No deja de ser una intro necesaria para la mejor comprensión de este hallazgo sonoro.
Yeasayer no son la panacea del siglo XXI, pero "Odd Blood" los coloca en los grupos a seguir de cerca como Grizzly Bear. Aquí hay mucho tema pero que a nadie le extrañe si le vienen Tears for Fears a la cabeza porque son pop del bueno.
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Alex Ross Seix-Barral
Cito textualmente: "El carácter monumental de nuestro arte desaparecerá, nos desprenderemos de ese aferrarse y anclarse al pasado, de la preocupación egoísta por la permanencia y la inmortalidad a toda costa; dejaremos que el pasado sea pasado, el futuro futuro, y viviremos sólo en el hoy, en el aquí y el ahora, y crearemos para él".
Es difícil resumir mejor el estado de las cosas en la música que esas palabras de Wagner recogidas en el primer capítulo del libro y pronunciadas a principios de siglo, y no sólo de la música, sino del ser humano como ente progresista y evolutivo, siempre hacía adelante, pese a quien pese.
Tal capacidad sintética y estética es natural al escritor, ensayista, crítico musical y finalista del Pulitzer, Alex Ross, reconocido mundialmente y acreedor de premios tan importantes como el National Book Critics Circle Award, el Guardian First Book Award o un Royal Philarmonic Society Award. Dejando aparte sus méritos, su gran hallazgo es hacer cercana e intrigante la historia de la música -clásica en su mayor parte- del siglo XX. Siembra curiosidad trufada de datos, opiniones, citas, historia y leyenda ante las cuales no nos queda mas que rendirnos y leer compulsivamente.
El libro, fruto de 10 años de trabajo, es un homenaje a la música como fenómeno aglutinador de cambio y expansión social. Todo cabe en la música, reconoce su autor, "lo elevado y lo bajo, lo imperial y lo subterráneo, la danza, la oración, el silencio y el ruido".
Para Ross el siglo comienza en 1906 con el estreno de la ópera "Salomé" de Richard Strauss y termina en 1976 -evidentemente antes de tiempo- con "Music for 18 Musicians" de Steve Reich . Entre medias, cambios sociales y música se entrelazan dando forma a un relato arrebatador donde el pop y el rock también tienen cabida de la mano de The Velvet Underground y The Beatles.
Las razones para leer un libro de 798 páginas en su edición española van más allá de ser un amante empedernido de la música -como prueba el hecho de que fue Best Seller cuando se editó en USA- y tener tiempo libre -bien escaso hoy en día-. Para el lector no iniciado en la música clásica es un deleite sensorial comprobar la agilidad narrativa de su prosa que te incita a leer hasta el aturdimiento y estimula tu curiosidad más allá de afinidades estilísticas o históricas. Arroja luz sobre épocas convulsas de nuestra historia más reciente a base de completismo y trabajo de investigación bien entendido y nada pedante. Sin radicalismos ni distancias, todo muy cercano. Aglutina y no segmenta. Es el maestro ideal.
Además de todas estas virtudes, el libro ofrece un complemento web que enriquece y amplía cada capítulo explicando los hallazgos sonoros de los personajes con clips y piezas de las obras mencionadas. Basta consultar la página www.therestisnoise.com/audio para darse cuenta del cariz perfeccionista de Ross con respecto a ofrecer la mejor versión posible de su obra capital para una profunda comprensión del hecho musical. ¡Enhorabuena y a leer!
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Vincent Laforet | Canon | Vimeo A partir del 15 de enero
Su corto "Nocturne" está entre los 25 mejores vídeos de 2009 según el personal de Vimeo, y su producción parece ya imparable. El fotógrafo norteamericano Vincent Laforet es el artista "inspirador" que ha elegido Canon para promocionar su concurso de vídeo para la cámara Canon 7D. El planteamiento consistía en que Laforet se inventara una historia audiovisual a partir de un solo fotograma y la rodara enteramente con su cámara Canon.
La imagen muestra a un oso de peluche abandonado en la acera de un aeropuerto. A partir de aquí, y tras seis meses de trabajo, el artista ha trazado una historia que se irá mostrando por capítulos. En su canal de Vimeo ya podemos ver el primero. Un taxista, interpretado por el actor secundario Braeden Marcott, coge el peluche y se lo deja a su pequeña, la joven actriz Shyloh Oostwald -participa en el largometraje "A qué precio"-. Cuando se despierta, la pequeña examina el regalo y encuentra una gran llave de hierro en su interior. La última escena, un baúl con aparente vida interior, nos deja totalmente en ascuas.
A la espera de que el concurso se haga público el 15 de enero, Laforet ya ha adelantado que cada capítulo comienza con una instantánea y que es necesario interpretar la imagen usada por el fotógrafo o cineasta anterior para continuar tu propio capítulo. Para el talentoso fotógrafo, es una manera de demostrar que hay muchas historias posibles detrás de un fotograma, y además, usando la misma herramienta que para hacer una foto. Eso sí, para cada plano emplea distintos objetivos y cuenta con una gran parafernalia de material de apoyo, como puede verse en el making of del rodaje de "The Cabbie".
Vincent Laforet, con tan solo 34 años, ya cuenta con un Premio Pulitzer en Fotografía -compartido con cuatro compañeros- por su cobertura del post 11-S. También fue nombrado en 2005 una de las 100 personas más influyentes en fotografía por el American Photo Magazine.
Estos reconocimientos no son baladíes. Una ojeada por su increíble trabajo revela no sólo su talento a la hora de fotografiar -geniales encuadres, composición, luz, intencionado uso de la profundidad de campo-, sino que va más allá, ya que el alma de sus modelos traspasa los retratos. También cuenta con trabajos fotoperiodísticos de gran belleza y sensibilidad, como la cobertura del desastre del huracán Katrina y la situación de Nueva Orleans un año después. Por todas estas razones fue nombrado fotógrafo nacional del The New York Times y ha trabajado en las principales publicaciones de EEUU. Su incursión en el mundo audiovisual comenzó en 2009, con el corto "Reverie", y qué gran acierto.
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