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Chuck Palahniuk
Ya sabemos que los culpables de todos los desastres de este mundo son los Estados Unidos. Hasta orquestaron la Transición española. Pero si hay alguien que sabe de lo que habla al criticarlos, ese es Chuck Palahniuk: De apellido estonio-chistoso, homosexual y con un padre, Fred Palahniuk, acribillado a balazos por el ex novio -abusador sexual y ex convicto- de su última mujer, la madrastra esporádica del bueno de Chuck. Y Chuck también sabe que, como ávidos consumidores de cultura que somos, resulta difícil sorprendernos al contarnos la Verdad. Nuestra insensibilidad es su acicate. Y para difundir la verdad a través de la ficción, el bueno de Chuck siempre ha tenido un gusto específico por los personajes al margen del margen: Tyler Durden, el luchador antisistema de el Club de la Lucha, Tender Brason, protagonista de Superviviente y piloto acólito de una secta autodestructiva que le cuenta sus andanzas a la caja negra de un avión a punto de estrellarse, o Víctor Mancini, el protagonista de Asfixia; un fracasado estudiante de medicina adicto al sexo.
Con Pygmy, el bueno de Chuck, lleva esto al paroxismo. Su personaje principal es un superterrorista enano criado y educado en un país con un régimen político comunista-extremista ajeno a la influencia occidental. Para llevar a término la misteriosa Operación Havoc (sangrienta conspiración contra el Sistema), Pygmy, aprovechándose de su corta estatura, se infiltra como estudiante de intercambio en una familia del medio oeste americano que recuerda a Los Simpsons: Un padre obeso rayando en el retraso mental, una madre que convoca reuniones en el sótano para probar y vender juguetes sexuales, un hijo gamberro acosado por otro chaval todavía más gamberro, y una hija que se salva de la quema por su inteligencia y su capacidad de afecto.
Todo ello contado mediante un inglés pragmático y difícil, con sus propias reglas: Pygmy no utiliza artículos determinados, ni conjunciones copulativas, usa forever en lugar de always, nunca dice again sino repeat y en lugar del pronombre I se refiere a sí mismo como Operative me. Si bien este lenguaje extenúa por lo exigente, resulta muy eficaz a la hora de objetivar los pensamientos del protagonista. Algunos de ellos verdaderas perlas: Current now location occupy with fake statue male, fake torture dead on two crossed stick, fake blood painted red hand and foot, dice al entrar por primera vez en una iglesia. O su definición del amor: Perhaps true profound affection defined by no entering vagina without consent.
Un trabajo minucioso y difícil de descifrar (Dios bendiga al hombre de Mondadori que esté trabajando en su traducción), pero como las anteriores novelas del bueno de Chuck, una clarificación de la realidad sin victimismos, divertida y, a pesar de su locura, hilarantemente sensata.
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