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Daniel Davies Anagrama
Cada vez cuesta más encontrar libros que seduzcan desde el principio y te arrastren a su lectura de manera irrefrenable, casi viciosa, depravada y, porqué no, esclava. Hay muchos autores pero las temáticas de los últimos años alternan novela histórica, con policíaca, o simplemente crónicas vampíricas comerciales con Best Sellers de autores consolidados, y muchas veces conservadores.
Se que Houellebecq, Pallahniuk, Easton Ellis, Beigdeber hay pocos pero tiene que haber otros luchando por salir a la superficie con una novela amena, divertida y nada pretenciosa que conecte con los lectores de la post Generación X.
La Isla de los Perros, del desconocido escritor inglés Daniel Davies, acierta a configurar un mapa que nace del desencanto de un ganador londinense (Jeremy Shepherd) que un día se cuestiona todo de manera irremediable para dar un giro radical a su fría y acomodad vida de editor de prestigio urbanita. Renuncia a su existencia en pos de una vida más ajustada a su nuevo yo.
Hasta aquí nada nuevo pero utiliza el tema del dogging (cancaneo), aún en la trastienda pública en España, para hilar una historia que no renuncia al humor negro, lo grotesco y lo antisocial (por prohibido) para dar salida a sus preocupaciones como voyeur y ocasional partenaire de los adictos a las quedadas dogging.
Con la foto de la portada ya adivinas por donde van los tiros. La foto de una mujer rubia que se desabrocha el sujetador de espaldas dentro de un coche azul sugiere tanto como esconde. No es una joven avergonzada sino alguien mayor que está en el coche porque quiere, no porque no haya un sitio más privado. Al revés, ese alguien quiere ser visto, visitado, palpado, deleitado y hasta penetrado por desconocidos en un circuito underground de quedadas en parking abandonados y bosques oscuros. Todo un caramelo.
La novela, de aventuras aunque no lo parezca, traza la fina línea que separa la satisfacción personal de las expectativas creadas con sentido del humor y dosis de realismo. Disfrutable cien por cien porque desde el comienzo, y sin pirámide de Maslow que contextualice las cosas, te identificas con Jeremy. Ajustar lo que deseas a lo que puedes y podrás conseguir en la vida (en el sexo básicamente) no siempre es un trance fácil y al alcance de todos.
Superar la frustración y aceptarse uno mismo son sentimientos consustanciales a todos los treintañeros del primer mundo. No hace falta acabar en el cancaneo, pero hay cosas peores y nada divertidas.
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