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Tate Modern, Londres, hasta el 14 de septiembre "Lepanto", Museo del Prado, Madrid, hasta el 28 de septiembre Gugghenheim Bilbao, del 21 de octubre al 8 de febrero de 2009
Hasta final de año, tres de los museos más importantes de Europa dedicarán sus principales salas a la obra del Cy Twombly, uno de los artistas más representativos del expresionismo abstracto americano. Perteneciente a la misma generación de Robert Rauschemberg, Jasper Johns y Robert Motherwell, Twombly es reconocido por su personal estilo basado en el grafismo rápido y en la acentuada gestualidad expresionista presente en los trazos.
Sus trabajos sobre grandes formatos reflejan el estudio del artista de las técnicas caligráficas, la impresión, la intensidad, la velocidad y el valor rítmico del trazo -"de hecho, Twombly está considerado por los expertos como el precursor del graffiti actual-. Asimismo, desde 1976, se centró en la producción escultórica, ensamblando objetos dispares y recubriendo sus obras con una capa blanca, dotándolas de una intensa espiritualidad. La londinense Tate Modern presenta una selección de obras que giran en torno a los momentos clave en la trayectoria artística de Twombly. Abarca las diversas etapas por las que pasó, desde los años 50 hasta la actualidad: pinturas, dibujos, esculturas y sus más importantes creaciones monumentales. Esta misma exposición se trasladará a la planta segunda del Guggenheim Bilbao a partir de mediados de Octubre. Por su parte, la Sala C del edificio de los Jerónimos del Museo del Prado ofrece una muestra de la obra denominada "Lepanto", una serie de doce grandes lienzos que el artista creó para la Bienale de Venecia de 2001. Así se plantea un diálogo contrapuesto a otras obras históricas del catalogo del Museo con la actualización de las batallas e historias bélicas. Son tres oportunidades para ver la obra completa de Twombly antes de que se instale definitivamente en el Museo Brandhorst de Múnich a finales de año.
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Robert Frank Editorial la Fábrica
Hace 50 años el fotógrafo Robert Frank (Zúrich, 1924) presentó uno de los retratos más desoladores que hasta entonces se había realizado de los EE.UU. En 1955 decidió recorrer 48 estados en un viejo automóvil con la ayuda económica de la fundación Guggenheim. Tres años después se presenta su trabajo, "The americans". Las fotografías provocan tantas críticas y polémicas que en 1958 el libro se tuvo que publicar en una editorial francesa. La sociedad que había retratado Frank se escandalizó al descubrir el material fotográfico, se habló del retrato de una sociedad a través de espejos deformadores.
Los EE.UU. del "American Way of Life" se presentan desde la puerta de atrás. Ya no son ese símbolo de esperanza, el viaje que realizó el fotógrafo en ocasiones bastante peligroso le iba a marcar profundamente, él mismo no esperaba descubrir lo que ocultaba el Sur. Se ha dicho que la llamada generación beat había cambiado el por qué vivir existencialista por el cómo vivir. Este cómo se plantea en el recorrido por la periferia social, el sentido estético del proyecto, la miseria que desborda a través de los desequilibrios en la composición para algunos, malabarismos que para otros dieron un giro al documentalismo fotográfico.
La fábrica ha editado por primera vez en castellano el libro de Robert Frank, con el prólogo original de Jack Kerouac. "Los americanos" es un hito en la historia de la fotografía. El trabajo que realizó Frank a mediados de la década de los 50 del pasado siglo es un canto a la libertad en cuanto a lenguaje fotográfico se refiere. Robert Frank transmitió la misma intensidad que perseguían sus compañeros cuando tecleaban las máquinas de escribir para alcanzar el beat de Charlie Parker. Los americanos de Robert Frank, al igual que Pull my Daisy o Me and my brother, son obras clave del legado de uno de los creadores de imágenes más influyentes de los últimos tiempos.
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Lonely Drifter Karen
Es sencillo imaginar a Tanja Frinta, voz y guitarra de LDK, haciendo girar un inmenso globo terráqueo mientras entona una de esas melodías que hacen que "Grass is singing", su disco largo de debut, sea un disco de deliciosos contrastes. No confundir con el típico disco en el que confías a ciegas y acabas escuchándolo saltando de canción en canción como quien evita charcos.
Cuando hablo de contrastes me refiero a que en esta primera entrega podemos encontrar un trayecto múltiple, atravesado por los ecos del cabaret de Kurt Weill, la chanson de Brel y mil y un registros que junto a Marc Melià, piano y producción, y Giorgio Menossi, percusiones, va desgranando a lo largo de las trece canciones que pueblan una geografía onírica deudora de las composiciones que Nino Rota creaba para las películas de Fellini.
Canciones con la convicción de "This wold is crazy", los vértigos de "Climb", la juguetona "The owl moans low", son composiciones redondas, sin aditivos y es de agradecer en estos tiempos en los que tantas producciones dejan las costuras al aire, evidenciando un corta y pega que no ayuda a habitar las composiciones.
El trabajo de Marc Melià en la producción resulta tan sugerente como esas naranjas en la mañana que tan bien retrata al nombrarlas Tanja en la hiriente "Casablanca", una de las canciones más brillantes del disco. Es precisamente "Casablanca", un ejemplo de ese espíritu fílmico que transmite "Grass is singing". Hablar de banda sonora sería hacer un flaco favor a una grabación que transmite delicadeza y sencillez, a la par que la desazón que suele rondar a aquellos que viven como si su piel estuviera vuelta del revés.
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Ruy Castro Ed. Turner
Corría el verano de 1949, en la ciudad de Río de Janeiro. Cuatro jóvenes admiradoras de la música americana del momento decidieron montar en un sótano el primer club de fans de Sinatra/Farney de Brasil. Uno de los requisitos fundamentales para pertenecer a este selecto club consistía en tener algún tipo de habilidad musical, bien fuera una preciosa voz, bien cualidades contrastadas ante cualquier tipo de instrumento. De esta manera totalmente accidental, este local se convertiría el epicentro de lo que pocos años más tarde llegaría a ser un fenómeno mundial, universal e identificativo de un país: la Bossanova. El periodista Ruy Castro empezó a realizar, a finales de los ochenta, una serie de largas entrevistas a más de 100 personas con el fin de aclarar fechas, contrastar detalles y hechos, además de localizar discos, copiar cintas y dibujar planos, de largas charlas telefónicas y viajes por varias ciudades de Brasil. Castro siguió rastros y pistas cual buscador de tesoros, arrancando fotos de viejos álbumes y recopilando descripciones detalladas de locales, bares y boites en los que la Bossanova se gestó, atesorando todo tipo de anécdotas que hablaban de João Gilberto, Sergio Mendes, Elis Regina, Jobim o Vinicius. Recurre a un estilo narrativo similar al de la novela para relatar muchas de las historias ocurridas durante el transcurso de esos años. Historias que reflejan el carácter de la ciudad de Bahía, de la vida bohemia de sus habitantes, de los amigos y de las rivalidades entre clubes, de las radios, de los fans, de parte de la historia brasileña. Sencillamente, el mayor aliciente que posee este libro es que todos los datos recogidos y las entrevistas realizadas provienen de las personas directamente involucradas. Actualmente, 18 años después, muchos de los entrevistados ya no están entre nosotros. Como repetía Vinicius "la bossanova será eterna, mientras dure".
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69 centros de exposiciones de Madrid, Cuenca y Portugal Hasta el 27 de julio
Si existe un evento multitudinario relativo a fotografía en España, es, sin duda, PhotoEspaña, ya que numerosos museos, galerías, centros de arte y salas de exposiciones -en esta edición, 69, concretamente-, se vuelcan para mostrar las últimas obras del género. Aunque el evento se desarrolla mayoritariamente en Madrid, este año también se han unido a la iniciativa centros de Cuenca y Portugal.
Son muchas y variadas las propuestas que nos ofrece el certamen y de géneros que van más allá de la fotografía -véase las instalaciones y las videoproyecciones-, aunque nos centraremos una exposición referida a uno de los géneros más antiguos de la fotografía, las instantáneas de viajes. El Instituto Cervantes de Madrid acoge a seis artistas en "De Viaje", algo así como cinco maneras diferentes de vivir y de retratar los viajes.
Una de las obras expuestas más interesantes es la de la pareja Ana Paula Paiva y Fernando Martinho, artistas brasileños que se embarcaron en un recorrido por América del Sur con su bebé João. La serie se titula "América Latina com um bebê no mala". Los tres recorren lugares paradisíacos y míticos de Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Argentina y Uruguay, como el desierto de Atacama, los géiseres llamados El Tatio, la laguna de Quilotosa o el territorio Tayrana.
A esta serie hay que dedicarle un tiempo considerable, puesto que las fotos están acompañadas de un diario de viaje en el los autores narran algunos de los pormenores encontrados -es complicado realizar ciertos trayectos por carreteras de cabras y hasta lugares de 4.000 metros de altura con un bebé-, pero también las sensaciones de libertad, plenitud y la alegría de ver disfrutar a un diminuto João que poco a poco se va haciendo niño. El álbum de viaje puede verse online en http://www.flickr.com/photos/joaomartinho.
No nos vamos de América Latina, porque Pablo López nos ofrece una panorámica de México a Chiapas en "Terrazo". Son fotos de paisajes que nos conducen de los barrios periféricos y marginales de DF, pasando por zonas masivamente pobladas en las que no queda un solo metro edificable, hasta llegar al Chiapas de vegetación salvaje.
Otra propuesta muy original es la de Mateo López, con "Diario de Motocicleta" un viaje en Vespa por Colombia. El artista combina fotos impresas en pequeñas cartulinas con manualidades de papel que realizaba en su "taller portátil". Asimismo, la muestra de este artista incluye una instalación del supuesto taller -compuesta de la típica mesa de oficina y una cajonera llena de tierra- y un estudio a lápiz de todas las piezas de su inseparable vehículo. Desde luego, son obras que por un rato te transportan a los lugares donde fueron tomadas.
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Sigur Ros XL Recordings
Tan solo ha pasado medio año para que después del éxito de la edición del doble-DVD "Heima" -filmado a modo de documental recogiendo la gira que realizaron los islandeses Sigur Rós por infinidad de rincones de su país-, el cuarteto islandés sorprende con la edición de un disco gestado, registrado, editado, y comercializado durante los escasos seis meses que llevamos de año. A pesar de la velocidad en el desarrollo del proceso, continúan conservando el espíritu "atípico" característico en ellos.
Parece que para este quinto disco la banda ha decidido, no renovarse, sino experimentar nuevas metas, como el diseño de la portada, que corre a cargo del fotógrafo Ryan McGingley (www.ryanmcginley.com). La grabación esta confiada al reconocido productor londinense Flood y el disco por primera vez se ha grabado fuera de los estudios que posee la banda en Islandia -en lugares tan dispares como Nueva York, Londres y la Habana-.
Han abandonado ligeramente el estilo postrock que los identificaba para dar paso a nuevas composiciones basadas principalmente en la instrumentación acústica -inspirados en las actuaciones de "Heima"-, y por primera vez el vocalista Jón Birgisson ha grabado una canción utilizando el inglés. Recordemos que Jón se ha caracterizado por la utilización del islandés como único idioma a la hora de componer las canciones, aunque a veces se ha permitido "licencias artísticas", como la creación y utilización de un lenguaje fonético improvisado propio llamado "vonlenska". Así invitaban al oyente a interpretar por sí mismo la letra de las canciones a partir de las similitudes fonéticas.
"Með suð í eyrum við spilum endalaust" ("Con un zumbido en nuestros oídos jugamos eternamente"), recurre a la imperfección de las tomas en directo, el sonido de los dedos sobre las cuerdas de las guitarras, los acordes entrecortados, una inmediatez que aumenta la intensidad de las canciones, y es que este "Með suð" esta lleno de nuevos registros nunca vistos anteriormente en la banda: la juguetona "Gobbledigook" que abre el disco, el espíritu épico de "festival", la sencillez acústica de "Illgresi", la orquestación de "Ára Bátur" realizada en una única toma por los noventa miembros que componen la London Sinfonietta junto al London Oratory Boy's Choir.
Este es sin duda, el disco más acústico, alegre, orquestado, instintivo y accesible de los islandeses. Mejoran día a día.
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Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, EEUU Hasta el 21 de septiembre
Jeff Koons (York, Pennsylvania, 1955) es uno de los artistas más controvertidos y cotizados del panorama artístico de los Estados Unidos. Su obra se centra, sobre todo, en la escultura, aunque también cuenta con trabajos de pintura, fotografía y cerámica. En España, tal vez una de las obras que más le identifican sea la de "Puppy" -mascota-, un west highland floreado de más de 12 metros de altura que preside la entrada del Guggenheim de Bilbao. Pues bien, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago muestra una amplia retrospectiva de su obra, que se remonta a las series que creó desde principios de los años 80.
Así, la exposición acoge las primeras series, "Pre-new" y "The New", una herencia de los artistas del pop-art Andy Warhol y Roy Liechtenstein, cuyas obras reflejaban la influencia de la cultura de masas americana. De esta época encontramos electrodomésticos como tostadoras, cafeteras, estufas y humidificadores adosados a fluorescentes, con las que Koons hizo patente la fiebre consumista que azotó en esa época a la sociedad norteamericana por hacerse con los últimos adelantos.
De mediados de los 80 data la serie "Lujo y degradación", caracterizada, principalmente, por anuncios de bebidas alcohólicas y algunas estatuas que ponen de relieve cómo el consumismo y el querer vivir por encima de nuestras posibilidades restan a la sociedad poder político y económico. En "Estatuario" hallamos algunas de las esculturas más conocidas de Koons, su "Rabbit" y "Two Kids", realizadas en acero. Más hiperrealistas son las figuras de "Banalidad", una serie de trabajos en porcelana que combinan humanos y animales con una sexualidad más o menos implícita y cuyo objetivo es contraponer los principios de lo sublime y lo banal, y las grandes obras de arte frente al arte barato.
Tal vez una de las series que despierte más morbo sea la de "Made in Heaven" (1989-92), con esculturas y pinturas protagonizadas por el propio Koons y la polémica actriz porno de origen húngaro-italiano, Ilona Staller -más conocida como Cicciolina-, con la que estuvo casado cinco años. En esa época el artista pudo explorar su propia sexualidad y moralidad, eliminando sus sentimientos de miedo, culpa y vergüenza.
También cabe destacar las series que Koons creó entre finales de los 90 y los primeros años 2000, como "Elephant", una juguetona escultura realizada en cromo y acero; las preciosas obras de "Celebration", redondeadas, brillantes y coloreadas figuras florales y animales de gran formato y "Popeye", un regreso a la infancia a través de alegres flotadores con forma de animales que combina con objetos como sillas, cadenas o escaleras.
La lista podría seguir, ya que la producción de Koons ha sido muy prolífica, teniendo en cuenta el taller que, a la manera de "The Factory" de Warhol, creó en los ochenta, compuesto por 30 ayudantes. Una lástima que el MCA de Chicago no esté más cerca.
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Daido Moriyama Tokyo Metropolitan Museum Hasta el 29 de Junio
El Tokyo Metropolitan Museum of Photography presenta una exposición retrospectiva de la obra de Daido Moriyama, maestro perteneciente a la primera generación de la fotografía de vanguardia nipona, sus trabajos reflejan el colapso de los valores tradicionales en la sociedad japonesa de postguerra.
El Tokyo Metropolitan Museum of Photography presenta una exposición retrospectiva de la obra de Daido Moriyama, maestro perteneciente a la primera generación de la fotografía de vanguardia nipona, sus trabajos reflejan el colapso de los valores tradicionales en la sociedad japonesa de postguerra.
Moriyama centra su obra en retratar la mirada urbana, tomando las imágenes con una cámara compacta de 35 mm, pero la mayoría de veces sin hacer uso del visor para encuadrar; positivando en blanco y negro, contrastando las imágenes al máximo, utilizando el grano como un elemento principal; tomando las fotografías en movimiento o imágenes borrosas que inducen a reflejar el caos y, de algún modo, plasmar los lados oscuros de la vida. A finales de los sesenta trabajó en unas series que, al igual que Nobuyoshi Araki, estudiaban el cuerpo femenino como objeto de deseo.
Moriyama ha reflejado en su obra la dureza de la vida cotidiana, el deseo, la soledad, la inquietud de la fotografía callejera, los gestos cotidianos inconscientes realizados por transeúntes en movimiento, anónimos y exhaustos. Posee en toda su obra, de un modo personal y singular, el reflejo de la realidad, a través de la creación de atmósferas que huyen de la intención de captar un mensaje concreto y plasman un concepto ideológico sobre la acción que retratan.
Las influencias reconocidas de Moriyama son varias. De William Klein captó el interés en reflejar la vida urbana, de Shomei Tomatsu, la mirada critica sobre la sociedad nipona y en concreto de los habitantes de Shinjuku, finalmente tras un viaje a Nueva York a principios de los 70, de Arthur Fellig (más conocido como Weegee) absorbe el interés por el uso de la luz artificial en escenas nocturnas y la percepción de la violencia urbana.
El estilo estético de Moriyama ha ido radicalizándose con el paso de los años: trabaja el caos, la marginación, la velocidad, la deshumanización a través de imágenes violentas en muchas ocasiones cargadas de brutalidad. Para él la fotografía se convierte en un acto físico y visceral, sus fotos "las realiza con todo el cuerpo, especialmente con el estómago: pues hay que poner todos los sentidos para reflejar aquello que ves con los ojos".
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