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Doris Salcedo Tate Modern. Turbine Hall. Londres Hasta el 6 de abril de 2008
"Shibboleth" es el primer trabajo en el que Doris Salcedo interviene directamente en la estructura del Turbine Hall. En lugar de ocupar este espacio icónico con una escultura o una instalación convencional, Salcedo ha creado un abismo subterráneo que se estrecha a lo largo del Turbine Hall. Las paredes de la grieta están rotas con una malla de acero, creando una tensión entre estos elementos. Al hacer que el suelo sea el principal foco de su proyecto, Salcedo cambia de forma dramática nuestra percepción de la arquitectura del Turbine Hall.
"Shibboleth" sugiere preguntas sobre la interacción entre escultura y espacio; entre arquitectura y los valores que envuelve, y preguntas sobre los tambaleantes fundamentos ideológicos sobre los que están construidas las nociones occidentales de modernidad. En particular, Salcedo se dirige hacia la duradera herencia de racismo y colonialismo que subyace en el mundo actual. Un "shibboleth" es una costumbre, frase o dicho que actúa como una prueba de pertenencia a un determinado grupo o clase social. Por definición, se usa para excluir a aquellos que se consideran inapropiados para unirse a este grupo.
"La historia del racismo", escribe Salcedo, "transcurre paralela a la historia de la modernidad, y es su innombrable parte oscura". Durante cientos de años, las ideas occidentales de progreso y prosperidad han estado apuntaladas por la explotación colonial y la retirada de los derechos básicos por parte de otros.
Nada más entrar en la Turbine Hall del museo, Salcedo expone una fractura en la propia modernidad. Su trabajo nos anima a afrontar las verdades incómodas sobre nuestra historia y sobre nosotros mismos con absoluta candidez, y sin auto-decepción. Doris Salcedo nació en 1958 en Bogotá, Colombia, donde trabaja y vive.
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Bas Jan Ader
Uno de los precursores y principal referencia en la videocreación centroeuropea a principios de los 70 fue sin duda, Bas Jan Ader, artista californiano/flamenco que dejó como obra póstuma cortometrajes en los que él mismo experimentaba sobre la caída física y, de manera más metafórica, estudiaba los aspectos que envuelven la condicion del ser humano: la pérdida de la ética, moral, autoestima y valores personales, entre otros...
En la página web que indaga en su vida y obra, encontramos una turbadora serie de caídas de Bas Jan Ader: del tejado de su casa, de un árbol, subido a una bicicleta a un canal, entre arbustos o una caída nocturna. En todas las piezas pasa un tiempo casi angustioso hasta que el artista finalmente cae, dejando una sensación de alivio al tiempo que de desazón. Y es que la actitud de Ader, como su propio fin confirmaría, es la de no tener miedo al dolor o a la muerte. En todas sus obras utiliza su propio cuerpo como si se tratara de un mero recipiente de su alma.
Bas Jan Ader nació en los Países Bajos en 1942. Su padre fue ejecutado por los nazis por dar asilo a refugiados judíos durante la II Guerra Mundial cuando Ader sólo tenía dos años de edad. Fue un estudiante rebelde; suspendió arte en la Academia Rietveld, donde empleó una única hoja de papel para el semestre entero, borrando sus dibujos en cuanto estaban terminados. A los 19 años decició trasladarse a Marruecos, y allí se enroló en un barco que se dirigía a América.
Una vez llegado a Los Ángeles, Ader ingresó en el Otis Art Institute, donde conocería a su futura mujer, Mary Sue Andersen, la hija del director de la escuela. Después enseñó arte y estudió filosofía en la escuela Claremont, hasta que en 1970 entró en su período artístico más productivo, con la serie de caídas. En 1975 Ader se embarcó en su bote de tan solo 3,80 metros de eslora, como parte de lo que debía ser la primera de las tres partes de un proyecto llamado "En Busca de lo Milagroso", anunció a sus amigos más cercanos que si en 60 días no habia llegado a tierra en el otro lado del Atlántico, salieran en su busqueda. Seis meses después de su partida su bote fue encontrado en la costa de Irlanda, pero Bas Jan había desaparecido.
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José Carlos Llop RBA Libros. Barcelona, 2007
Uno de los escritores españoles del pasado siglo que causa más controversia entre los literatos es, sin duda, César González Ruano, corresponsal del diario ABC en las más importantes capitales europeas del período de entreguerras: Berlín, Roma y París.
Por un lado nadie pone en duda la grandeza de su prosa y de la alta calidad de su poesía. Pero muchos condenan las oscuras maneras que, según dicen algunas lenguas, usó para enriquecerse a costa de ricos judíos que querían escapar del París ocupado por el nazismo. Existen largos pasajes confusos dentro su compleja historia. Noctámbulo y bohemio, adquirió gran fama y dinero en pocos meses deambulando entre los bajos fondos, el mundo del arte parisino y el mercado negro, lo que llevó a que lo detuvieran y la Gestapo le sometiera a una larga sucesión de interrogatorios. González Ruano, siempre expuso que la obra más grande que realizó como artista no quedó plasmada en ningún papel. Era simplemente el haber vivido la vida como una obra de arte más.
José Carlos Llop, toma la historia en el preciso instante de la llegada de González Ruano a París. A partir de ahí cuenta, con asombrosa fidelidad, todo tipo de detalles, enriqueciéndolos con un incontable número de antecedentes cruzados y referencias a terceras personas, reales o no. Con el estilo narrativo-detallista al que Llop nos tiene acostumbrados, nos adentra en el París ocupado y atisba en los entresijos de la zarandeada sociedad parisina.
Sabemos que Llop es un gran historiador, pero ¿por qué ha elegido este personaje y en concreto esta oscura fase de su vida? En "Paris: Suite 1940", Llop juega por completo con sus mejores cualidades: el alto nivel descriptivo, la Europa de entreguerras y el desarrollo de la novela sobre un supuesto diario -otra de las grandes pasiones de este escritor-, que incluso en momentos se recrea utilizando una cadencia literaria que más podría pertenecer al mismísimo González Ruano antes que a él..
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Pascal Comelade Because Music
Pascal es un personaje hecho de otra madera. Desde la última vez que comentamos un disco suyo -octubre de 2006- ha editado ocho discos, una caja recopilatoria de rarezas compuesta por cuatro cds, ha participado en obras de teatro, colaborado con otros artistas, grabado un par de sesiones en directo para diferentes proyectos creativos -revistas, programas de televisión y conciertos por Internet- y una película-documental sobre su "sosegada actividad". Casi nada.
Aun así, la aparición de un nuevo álbum de Pascal Comelade, causa siempre una pequeña chispa de interés dentro de la actualidad discográfica francesa. De este lado de los Pirineos se le considera igualmente un músico encasillado en la música de películas o la música experimental de juguetes, incluso dentro de la músicas del mundo, pero en contadas ocasiones se le ha otorgado el favor de la crítica. Este año, con la aparición de la caja "Monofonicorama 2005-1992" se le ha vuelto a colocar por enésima vez en el apartado de músicos de culto. Recordemos que esta imagen en parte es debido a sus recientes colaboraciones con PJ Harvey, Robert Wyatt, Lluis Llac, Enric Casasses y hasta Sergi López.
Con el "Mètode de Rocanrol" recupera una nueva colección de pequeñas etiquetas orquestales, como provenientes de una caja de música encantada. Una revisión de las músicas primitivas que, como a veces el propio Pascal reconoce, "todas sus influencias provienen y se basan en el Rock n'Roll". Aun así, no titubea a la hora de formar su gran "torre de babel musical": desde el bolero al estilo "copla catalana" a los ritmos jamaicanos, los carruseles de Kurt Weill, las rumbas y las charangas de Nueva Orleans, los desarrollos de Satie, el funambulismo, el tango, el rock catalán laietano… Todo ello tocado con una instrumentación psicodélica: guitarras de mercadillo, xilófonos de colores, acordeones, saxofones de plástico, trompetillas, mini órganos de rastro, baterías de latón.
Gran parte del empuje creativo lo ha encontrado en una consolidada banda con la que comparte todas sus aventuras musicales: Didier Banon, Enzo Tozoni y su delirante socio sobre el escenario Pep Pascual. De algún modo convierten en circo la música seria y en gravedad la música ligera.
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Cinema Mexico. Via Savona, 57. Milano Del 15 al 18 de noviembre
Hoy en día se hacen festivales de cine de los temas más estrambóticos, así que, ¿por qué no hacerlo de un medio de transporte/compañero que cada vez se emplea en todas las ciudades, incluida la nuestra? La cultura de la bicicleta es el tema central del Bycicle Film Festival, que ya va por su séptima edición. Con carácter itinerante, durante unos dos o tres días se proyecta en cines de diversas ciudades películas, cortos y animaciones en los que la bicicleta es la protagonista o un elemento decisivo, además de organizarse actividades paralelas como exhibiciones de BMX o reparaciones in situ.
Este singular festival parará, en los próximos días, en Milán y en Sydney, aunque ya ha pasado por Nueva York, Los Ángeles, París, San Francisco, Viena y acabará su ruta por Melbourne y Tokio -en Barcelona se suspendió, desgraciadamente, por problemas de calendario-. Así, en Milán, los asistentes podrán ver largos como "Bike Car" (J.T. Foutain, USA, 2006), la historia de un largo viaje invernal desde Idaho hasta Oregón a bordo de un SUV a pedales que lleva un remolque cargado de tablas de snowboard. La velocidad media es de 20 km/h, por lo que los protagonistas cuentan con tiempo casi infinito para hablar: una 'road movie' sobre los nexos de unión entre las personas.
También se exhibirán otras piezas más reivindicativas como "Africycle" (Benny Zenga, Canadá, 2006) , un corto rodado en 8mm sobre una experiencia de ciclo-cooperación en África llevada por chavales canadienses, o "Park(ing) day" (Matthew Passmore, USA, 2007), sobre los activistas de ReBar de San Francisco, un colectivo que reivindica la liberación de los espacios públicos. Los miembros de ReBar reservan temporalmente para los peatones plazas de parking en plena calle. Lo consiguen instalando césped artificial, un banco y un árbol dentro de un macetero. Reivindican.
El actor y ciclista habitual californiano Brendt Barbur es el fundador. La idea se le ocurrió después de tener un accidente con la bici en el que un autobús le golpeó. Pensó que mostrando la cultura de la bicicleta a través del cine, la música y el arte podría concienciar mejor al mundo sobre su uso y sobre los beneficios de las actividades al aire libre. Una forma de unir a través del universo de las dos ruedas.
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