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Museo Picasso. Barcelona
Un Picasso humano, desconocido, en su entorno creador o en su entorno familiar. Son las diferentes facetas del artista malagueño que nos acercan las fotografías de Lee Miller, ahora en una exposición temporal en el Museo Picasso de Barcelona. De las más de mil instantáneas que la fotógrafa estadounidense realizó de Picasso en los 36 años en que fueron amigos, se recoge una amplia muestra de momentos de la vida del artista, sobre todo los comprendidos entre los años 30 y 40.
Pablo Picasso posa para Miller en los diversos talleres en los que trabajaba, en París, Le Californie, Mougins… en estas fotografías no conocemos al artista en pleno proceso de creación, pero sí que captamos, sin embargo, a un Picasso espontáneo, en su ámbito habitual, y directo, ya que en casi todas su mirada se dirige directamente al objetivo. También sorprenden las instantáneas realizadas en los turbulentos años de la posguerra, en la década de los 40. Un Picasso relajado disfruta de algunas comidas familiares en la época estival en apacibles masías. Contrastan con otros documentos incluidos en la misma muestra: Miller fue testimonio del genocidio judío en Alemania y de otros horrores de la II Guerra Mundial que en esos años asolaba Europa.
En esta ojeada por la vida privada de Picasso también se incluyen cinco de los seis retratos que el artista pintó de Lee Miller vestida de artesiana, cuadros que realizó en el verano de 1937, durante las vacaciones que pasó junto con la fotógrafa y su marido, Roland Penrose.
Lee Miller nació en Nueva York en 1907. Allí trabajó como modelo para renombrados fotógrafos, pero con tan solo 22 años se trasladó a París, para trabajar con el fotógrafo y artista surrealista Man Ray. Ya con estudio propio, se especializó en fotografías de moda y en imágenes surrealistas. Después de pasar unos años en Egipto, adonde se trasladó con su primer marido, regresó a París y conoció a Roland Penrose, con quien se casaría años más tarde. Miller fue testigo para Vogue, con su cámara, de la II Guerra Mundial. Una vez finalizada continuó trabajando para la revista e inmortalizó a artistas como Picasso, Miró, Man Ray y Tàpies, trabajos por que esta norteamericana ha pasado realmente a la historia.
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Bowerbirds
La mejor manera de describir a Bowerbirds seria hablar de tres jóvenes amigos de Raleigh (Carolina del Norte) con una impresionante capacidad para emocionar de la manera más sencilla y humana posible. Recurren a los recursos musicales más básicos, sin tener que plantear ningún tipo de dudas existenciales, ni de ser épicos. Simplemente son ellos mismos, uniendo por un lado la tradición folk americana y por otro dotando de un encanto psicodélico y orgánico las cristalinas canciones que componen.
Hace un par de años que Phil Moore y Mark Paulson empezaron a actuar en bares de carretera y en pequeñas fiestas locales. Las canciones a medio tiempo de Phil se basan en el estilo tradicional de artistas folk contemporáneos -de la misma manera que lo hacen músicos ya consagrados como Devendra Banhart o las nuevas promesas folk, artistas como Elvis Perkins y grupos semidesconocidos como The National Lights-.
Con la incorporación reciente de Beth Tacular, el grupo ha ganado en matices y ha conseguido ese algo que los hace diferente a todos los demás: una extremada sensibilidad artística, un componente orgánico y una nueva dimensión en sus canciones. Podemos hablar de cómo expresan la tristeza vivida y la necesidad de cantar acerca de ella: sonidos de acordeón, un ritmo de percusión rozando el azar, coros, violín y las gastadas cuerdas de una vieja guitarra acústica. Con tan solo escuchar los primeros compases de "Hooves", la canción que abre el disco, supe que algo grande tenia en mis manos. "In our talons" me enganchó con ese estribillo inolvidable, para llegar a "Dark Horse" donde ya confirman que este disco tendrá un lugar privilegiado en mi discoteca personal.
De una manera muy sencilla han realizado una pequeña gira de presentación de su disco "Hymns for a dark horse" por la costa este americana, tocando en pequeños festivales y viviendo dentro de una minicaravana. Nada más llegar a su hogar en North Carolina han editado en un pequeño sello local las primeras 1.200 copias del disco.
De esta manera están consiguiendo encandilar a los más entendidos músicos y críticos musicales y la inmediatez de Internet hace que las noticias vuelen. Desde hace dos semanas he podido comprobar cómo van apareciendo comentarios y recomendaciones desde los blogs más prestigiosos de todos los rincones del mundo. Esperemos que lleguen lejos. Desde luego están en camino.
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Musée d'Art Contemporain de Lyon
Comparten un mismo espacio dos exposiciones que cuestionan el arte contemporáneo con agudo sentido del humor cercano a lo absurdo."The Freak Show" toma su nombre de los circos y ferias ambulantes que presentaban la deformidad animal y humana como espectáculo de barraca a principios del siglo pasado, y por ende de la célebre y oscura película de Todd Browning. Pero aquí, la oscuridad deja paso a la sobredimensión de la obra de arte casi por arte de magia. Descontextualización y fina ironía en esta exposición colectiva compuesta básicamente por lo mejorcito de la última producción contemporánea franco-suiza: Fischli&Weiss, Silvie Fleury, Bruno Peinado o Bertrand Lavier son algunos de los que exponen en este recorrido monstruoso por tamaño, que no por horror. Unas cincuenta obras intentan analizar, recrear o reinterpretar la anormalidad "freak": enanos y gigantes, barbudas y siamesas, alargados y encogidos podrían ser las parejas de la muestra comisariada por La Salle de Bains de Lyon.
La retrospectiva del austríaco Eric Wurm conecta en cierta manera con la parada de los monstruos contemporáneos en un punto de revisión algo infantil y nos presenta una completa serie de lo que ha sido hasta ahora su trabajo en el campo de la fotografía y el vídeo, básicamente pero también en esculturas e instalaciones que invitan a la participación del espectador en su sorprendente y pretendidamente tonto universo que también es el nuestro, el de los objetos que forman parte de nuestra vida cotidiana.
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Andrea Arnold
Avalada por los premios Bafta escoceses a sus principales intérpretes, Kate Dickie y Tony Curran; refrendados por los British Independent Film Awards y coronados todos ellos por el Premio del Jurado en Cannes 2006, se presenta en sociedad "Red Road".
Ganadora de un Oscar en el 2005 por su corto "Wasp", Andrea Donald marca desde las primeras e hipnotizantes imágenes el oscuro devenir de Jackie, la protagonista de la sórdida historia. En medio de una realista, sombría, sucia, deprimente y deprimida Glasgow post industrial, Jackie trabaja para el City Eye controlando las cámaras que vigilan las áreas y bloques más conflictivos del extrarradio urbano. Reductos cargados de feísmo y miseria donde son ninguneados los invisibles de la sociedad.
Esta voyeur privilegiada emparentada con morbosos tipo "La ventana indiscreta" y "No amarás", asiste a la mundanidad de personajes cortados por el patrón del cansancio mientras su vida apenas traspasa el umbral de la nulidad social y la frustración emocional. Una mujer que calla una vida musitada por un pasado oscuro. Su secreto empieza a desvelarse cuando reconoce en las pantallas de Red Road a alguien al que esperaba no volver a ver nunca más.
Despiertos sus sentidos y alentada por una fuerza aún velada para el vidente, Jackie empieza a tomar decisiones arriesgadas hasta acercarse a su objetivo. Exponiéndose más y más hasta abrazar el peligro latente, Jackie no ceja en su aparente sinrazón y como un detective moderno pasa a desempeñar un rol tan activo que contrasta con la sosa vigilante retratada al comienzo del film.
Un cambio tan radical esconde emociones enfrentadas y capítulos vitales aún por cerrar. El puzzle de este 'thriller' con colores de melodrama traza su línea más gruesa en un 'crescendo' final donde ya no quedan máscaras que caer.
A ratos lenta, a ratos contenida, a veces brillante y asfixiante, "Red Road" es un pulso en toda regla a la paciencia del espectador que a muchos dejará perplejos y a otros dormidos, pero que formalmente deja bien colocada a la prometedora directora Andrea Arnold.
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Von Lintel Gallery, NY.
Existen diferentes corrientes estéticas e innumerables técnicas a la hora de realizar un retrato fotográfico, aunque la esencia consiste en mostrar diversas cualidades físicas o morales de las personas que aparecen en las imágenes fotográficas. Sobre este concepto se basa el trabajo del americano Chris Jordan. Aunque sus "retratos" no están hechos sobre un individuo en concreto, pretenden abarcar a toda la sociedad norteamericana.
En la exposición "An American Self-Portratit", a partir de datos estadísticos, Jordan reflexiona sobre el consumismo en los Estados Unidos. Crea grandes imágenes murales que, vistas desde una determinada distancia, nos ofrecen una imagen altamente atractiva, pero a medida que vamos acercándonos a la obra, podemos descubrir el significado real de dicha imagen. En todos los casos, es un reflejo completamente opuesto a la percepción original.
Los trabajos de Jordan seducen al observador a través de una compleja trama de colores y texturas. La belleza de su obra nos lleva a prestar atención a la composición, y, al llegar al detalle, vemos la profundidad del verdadero mensaje: una crítica al consumo masivo, una reflexión sobre los factores que producen el calentamiento global o la explotación de los recursos de la tierra. De hecho, en su anterior trabajo "Portratits of Loss from a Unnatural Disaster", expuso severamente los destrozos del Huracán Katrina, utilizando técnicas propias del "fine-art" y realizó una extraña combinación entre la belleza y el horror de las escenas de devastación tras el paso del Huracán. De algún extraño modo, las imágenes sobre el papel fotográfico consiguen transmitir la atmósfera nauseabunda, putrefacción, un entorno en descomposición.
Según Jordan, la evolución fotográfica se basará en una vuelta a la pintura, a pesar de las modernas técnicas utilizadas actualmente de composición y retoque fotográfico. En su opinión, el verdadero sentido de la fotografía es representar la realidad y huir de las ilusiones ópticas y ficticias. Su trabajo se centra cada vez más en el mensaje directo.
Las fotografías de la serie "Running the numbers" se exhiben del 14 de Junio al 14 de Julio en la galería Von Lintel de Nueva York.
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Casal Solleric, Palma
Un año más el Casal Solleric nos acerca la obra de una excelente ilustradora. El año pasado fue Ana Juan; 2007 es el año de Ana Miralles (Madrid, 1959), una dibujante valenciana que ha triunfado en Francia y Bélgica, sobre todo, después de pasar unos primeros años, en los 80, trabajando en algunos cómics y fanzines nacionales, como "Rambla", "Madriz" y "Cairo".
Su cultura visual comenzó de pequeña. Miralles estaba fascinada por las series de "El Jabato", "El Capitán Trueno", "Tintín" o "Mortadelo". También, incitada por su padre, se familiarizó con el dibujo y las acuarelas, hasta que se decidió a estudiar Bellas Artes. Sus lecturas entonces pasaron por "Tótem", "El Víbora", "Zona 84", "Star", es decir, por algunos de los cómics que se hacían más allá de España. Un profesor de la carrera, Sento, le dio su 'primera clase de cómic', mostrándole su proceso creativo, lo que la empujaría por una imparable carrera profesional.
Su primer reto fue "Marruecos mon amour", un cómic por entregas que apareció en "Cairo": historietas de gitanos, moros, jóvenes modelos, drogas, trata de blancas… personajes de cuerpos distorsionados, de una delgadez extrema. Le seguiría el tebeo erótico "El brillo de una mirada", con guión de Emilio Ruiz; "Eva Medusa", una serie sobre una 'femme fatale' que introdujo a Miralles en el mercado francés. La exposición del Solleric exhibe algunas planchas de estas historietas: escenas sensuales, mujeres explosivas, guerreras, y destructivas.
Una vez cerrada esta etapa, llegarían las tiras para Vogue; "En busca del Unicornio", una adaptación de la novela escrita por Juan Eslava Galán (Premio Planeta de 1987), que narra la búsqueda del unicornio por unos expedicionarios, que al final resulta ser un rinoceronte. En la muestra también podemos disfrutar de los trazos de "Djinn", la serie belga que nació en 2002, de la que Miralles publica un volumen por año y que es portada del excelente catálogo editado para esta exposición -con textos de Florentino Flórez y Faustino Rodríguez-. En "Djinn", Kim, la protagonista, se enfrentará a diversos enigmas en Turquía, África, India y conocerá los juegos de placer y poder del harén. Una exposición de una ilustradora poco conocida en España que conviene no perderse.
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Raymond Queneau
La editorial Seix Barral ha reeditado la novela "Las Flores Azules", escrita en 1965 por Raymond Queneau (Le Havre 1903-1976). Queneau fue uno de los escritores más singulares del siglo XX. Destacó, entre muchas cosas, por contribuir a desarrollar la enciclopedia La Pléiade. En 1960 se convirtió, junto con François Le Lionnais, en fundador del 'OuLiPo', Ouvroir de Littérature Potentielle, o Taller de Literatura Potencial, un movimiento que enlaza con el colegio de Patafisica al que más tarde pasaría a pertenecer.
Entre los ilustres adeptos del 'OuLiPo' se encontraban personajes de la talla de Italo Calvino, Georges Perec o Marcel Duchamp. La principal premisa de este movimiento era la de buscar nuevas formas y estructuras literarias, partiendo siempre desde la razón. Sus miembros se propusieron estudiar científicamente las limitaciones de la creación literaria. Tres son sus principales aportaciones: la prioridad de la estructura sobre la forma y el contenido, que denuncia las convenciones de la novela; el uso de un neofrancés para reproducir en ortografía fonética el verdadero sonido de las palabras; y el concepto de verso-novela.
"Ejercicios de estilo" (1949) y "Zazie en el metro" (1959), llevada a la gran pantalla por Louis Malle, fueron las novelas que le abrieron las puertas al gran público.
"Las flores azules" se desarrolla en el París de la década de 1960. Cidrolín, un insólito individuo que vive en un barco amarrado en el Sena, pasa las tardes durmiendo la siesta, soñando con las aventuras del singular duque de Angou, un caballero medieval que viaja en el tiempo a lomos de un caballo filósofo. ¿O es el duque de Angou que sueña con Cidrolín?
Incapaces de descubrir quién sueña con quién, nos adentramos en un mundo cómico y épico, capaz de provocar carcajadas o de mover a la reflexión. Los juegos del lenguaje, el anacronismo o las citas permiten a Raymond Queneau crear un singular escenario sobre el que cuestiona el sentido de la historia, de las ideologías y de la propia escritura.
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Enero de 2004
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