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Goliarda Sapienza
Ha tardado diez años en ver la luz en todo el mundo, y en febrero de este año se publicó la traducción española, de la mano de la editorial Lumen. "El arte del placer", de Goliarda Sapienza (Catania, 1924-Roma, 1996), no quiso ser publicado por ningún editor italiano, bien por la sexualidad explícita -obviada en otros autores contemporáneos-, bien por los antecedentes de la siciliana.
Goliarda Sapienza, hija de un socialista luchador antifascista y de una colaboradora del filósofo marxista Antonio Gramsci, fue educada en casa, seguramente para evitar las consignas fascistas que dominaban la escuela italiana del régimen instalado en el país desde 1922. Se formó, por tanto, en libertad, bajo los fundamentos del socialismo. Después de trasladarse a Roma estudió en la Academia de Arte Dramático. Interpretó en el teatro obras de Pirandello y también trabajó en el cine; comenzó en 1947 con Alessandro Blasetti, haciendo un papel de monja en "Un giorno nella vita", y actuando posteriormente en pequeños papeles con Luigi Comencini, Luchino Visconti o Francesco Maselli.
Sapienza dedicó a "El arte del placer" nueve años de su vida -de 1967 a 1976-, y entre todas las novelas de corte biográfico que ha escrito ha resultado ser el testimonio que más ha trascendido -gracias a la perseverancia de su último compañero, Angelo Pellegrino-. Y no es para menos, porque esta obra de 750 páginas engancha desde la primera línea.
Comienza con el primer recuerdo de la protagonista, Modesta, una siciliana que vive en un chamizo con su madre y su hermana retrasada: "Aquí estoy yo, con cuatro o cinco años, llevando a rastras por un terreno fangoso un madero inmenso". A partir de aquí, con una prosa elegante y adaptada a los modos de la época en que se desarrolla -primera mitad del siglo XX-, Sapienza construye una historia completamente verosímil desde el punto de vista del 'narrador testigo'.
Narra duras vivencias que van forjando el carácter de su firme protagonista, la transformación del país, una sensual sexualidad contada sin tabúes y en sus múltiples variantes. Casi toda la novela discurre en el seno de una familia aristócrata apartada de la vorágine política italiana, por lo que es inevitable la alusión a "Il Gattopardo", de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Es el testimonio de una época que seduce de principio a fin.
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Kunst Werke Museum Berlin
A mediados de 1979 el director de cine alemán Rainer Werner Fassbinder realizó para la televisión una película bajo el nombre de Berlín Alexanderplatz, basándose en una novela de 1929 escrita por Alfred Döblin. La duración de esta película es de quince horas y cuarenta minutos, por lo que resulta casi imposible de emitir en cualquier cadena de televisión o de proyectar en una sala de cine comercial. La solución adoptada fue convertir el film en una serie de catorce episodios para televisión.
La presentación de la obra sumergió a la crítica alemana en una acalorada discusión, lo que la llevó a ganar el reconocimiento internacional como una de las obras maestras filmográficas de las ultimas décadas. Una nueva versión en 35 mm, reducida y remasterizada, se presentó en el reciente Festival de Cine de Berlín con motivo de la inauguración de la exposición dedicada a Fassbinder, organizada por el KW Museum. También la crítica nacional ya ha designado la "Fassbinder: Berlin Alexanderplatz - An Exhibition" como el "acontecimiento filmográfico de este año".
Parte de esta exposición es una demostración interactiva del trabajo inusual de Fassbinder, donde los visitantes pueden elegir su propio modo de acercamiento a esta obra: los catorce episodios de "Berlin Alexanderplatz" se visualizan en salas separadas y se reproducen en bucle. De igual modo, hay una sala principal que los proyecta todos por orden cronológico. Los visitantes pueden acceder a la exposición con su entrada todas las veces que quieran, de igual manera pueden participar en las visitas guiadas a la Alexanderplatz (a poco menos de un kilómetro del museo).
El lenguaje impresionante y desafiador que utiliza Fassbinder combina planos visuales y narrativos a través de un complejo collage que anticipa diversas posiciones artísticas contemporáneas, es una iniciación al vídeoarte. Dentro de la exposición se muestran extractos de algunos de los bocetos y 'storyboards' previos a la película, así como objetos relacionados con el rodaje y cintas de película antes inaccesibles para el público. El catálogo de la exposición consta de 700 páginas donde se recogen diversas ilustraciones, storyboards y extensa información sobre la completa filmografía del director y diversos ensayos escritos sobre su obra por escritores de la talla de Susan Sontag o Klaus Biesenbach.
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Leslie Feist
2 años después de asombrar a propios y extraños con el maravilloso y sentido "Let it Die" y su secuela de remezclas "Open Season", Leslie Feist vuelve con más material propio a la altura de las expectativas. Ya no encontramos versiones de los Bee Gees o Texas Gladen, o piezas prestadas como el maravilloso "Secret Heart" de su amigo Ron Sexsmith.
Ahora, con 400.000 copias vendidas del primer álbum, querida por el mundo publicitario gracias al anuncio del perfume de Lacoste -ese en el que un mozalbete guaperín, cocodrilo en pecho, va saltando de piedra en piedra al borde del mar mientras suena "Mushaboom"- y encumbrada en Canadá y Francia por crítica y público, no le queda más que ir a por todas.
Sin embargo, "The Reminder", excelentemente producido por Renaud Letang, Mocky, Jaime Lidell y Gonzales, es un disco de apariencia lánguida y otoñal, con más calado, menos exultante que su primero, pero más romántico y delicado. Un disco de alcoba susurrado con guitarra, piano y mucho corazón. Lágrimas y ausencias, pérdidas y rupturas, que hacen de lo vulnerable una cualidad a recuperar.
Al escucharlo con detalle no dejas de pensar que Feist mira a sus referentes con admiración y un sabio sentido de la distancia histórica. Nada mimética, con talento y una voz tan personal como sensible, pasa con naturalidad de las baladas al country, de la chanson al folk americano de raíz oral, de lo particular a lo general, despertando siempre las emociones más puras y bellas.
Toda una intérprete que actualiza maneras muy femeninas de cantar/sentir que remiten a Aime Mann, Lucinda Williams, Joanna Newsom, Patti Smith, Kate Bush, Coco Rosie, Joan Jett, Niobe, Cat Power -la de "You Are Free"- o la especial sensibilidad 'masculina' de Sufjan Stevens. Delicia de los sentidos.
Entre los 'highlights' del disco me quedo con la recuperación de una vieja grabación de Nina Simone, "Sealion Woman" convertida en un delirio RnB psicodélico que bien firmarían Kelis o Rihanna. Los singles potenciales, "My Moon My Man" y "Past in Present", en la onda Broken Social Scene pero más country. La alegría contagiosa y festiva de "1234" y la tristeza rasgada de "Intuition". Cierra el disco la crepuscular y romántica "How My Heart Behaves", dueto con Eirik Gamblek -la mitad de Kings of Conveniente-, que pone la piel de gallina. Y así hasta trece gemas de corazón soul y alma folk-pop que hacen que una tarde gris parezca el escenario perfecto para nuestra banda sonora favorita.
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Emanuele Crialese
"Golden Door", además de ser una gran película -ganadora del León de Plata en el Festival de Venecia de 2006 y representante italiana a los Óscar 2007-, es un valioso documento histórico que narra el viaje de una familia siciliana hacia los Estados Unidos en los inicios del siglo XX. El director Emanuele Crialese -nacido en Roma en 1965 aunque de ascendencia siciliana-, tras varios años de estudios del material perteneciente al museo de la Isla de Ellis (New York), lejos de querer realizar un metraje político o social, intenta explicar la fascinación que sintió al ver las fotografías realizadas a inmigrantes llegados de tantos lugares diferentes del mundo. Una mezcla de identidades, de diferentes historias y con un destino común, un mismo sueño.
La película se divide en tres fases. En la primera, una familia campesina -completamente analfabeta y supersticiosa- encabezada por un joven viudo cabeza de familia -magnífico el papel caracterizado por Vicenzo Amato- decide unir a los suyos y partir hacia el Nuevo Mundo, con el deseo que una vida mejor.
El nudo se centra en el viaje, un carguero con destino a Nueva York, donde cientos de pasajeros 'de tercera' navegan en condiciones infrahumanas: enfermedades, condiciones meteorológicas adversas, la desesperación del viaje... Entre todo el tumulto aparece la Signorina Luce -interpretada por Charlotte Gainsbourg-, una extraña mujer de la que nadie sabe su origen, y que a partir de este punto asumirá el protagonismo de la película.
La tercera parte narra la llegada a la isla de Ellis y la cuarentena a la que son sometidos los recién llegados, análisis médicos, los humillantes test de inteligencia de los funcionarios de inmigración americanos, matrimonios de conveniencia para las inmigrantes solteras y el desenlace final: la llegada a un mundo que posiblemente sea tan duro o ingrato como lo era su lugar de procedencia.
En el aspecto técnico, la película roza en algunos momentos el documental, a pesar de que Crialese aproveche cualquier oportunidad para mostrar dentro del guión algunos guiños a sus claras influencias -un omnipresente Fellini y sus viajes oníricos- que acompañan en todo momento a la relación que (re)crean los dos protagonistas.
La película consigue una perfecta ambientación gracias a la magnífica fotografía de Agnès Godard -Lés Egares, Vendredi Soir, -Trouble Every Day, Nenette et Boni-, a un estupendo trabajo de vestuario y a la recreación de algunos de los lugares, como los salones del Hotel de los Inmigrantes del puerto de Buenos Aires reconvertido en el pabellón de inmigración de la isla Ellis.
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Center for Visual Music
Según se cuenta, las manos de Alexander Scriabin cubrían poco menos de una octava, circunstancia que en ocasiones le llevó a sufrir dolencias al intentar ejecutar obras que requerían unas manos más voluminosas. Este inconveniente no le supuso un impedimento para componer obras tan intensas como sus conocidos preludios o como el Poema del éxtasis.
De entre todas las creaciones del compositor ruso destaca por su singularidad el proyecto del Clavier à Lumières, un órgano ideado para proyectar sonidos y luces de colores. No cabe duda de que se trata de un antecedente de las exploraciones que iban a llevar a cabo los artistas relacionados con la 'Visual Music' -así bautizada por Roger Fry en 1912- haciendo referencia a una serie de obras que nacían del interés por experimentar con el fenómeno de la sinestesia.
Uno de los autores más representativos de la vertiente cinematográfica de la 'Visual Music' es Jordan Belson. Nacido en Chicago en 1926, Belson se inició en la pintura, aunque muy pronto sintió la necesidad de dar movimiento a sus telas, hecho que junto con el descubrimiento de las películas de Oskar Fischinger y de los hermanos Whitney, fueron decisivos para convertirle en un devoto de la imagen abstracta en movimiento.
Hacia 1952 trabajó con la animación de objetos reales, como en Bop-Scotch, donde ya mostraba su interés por las filosofías orientales y por el descubrimiento de una fuerza vital en los objetos inanimados. Entre 1957 y 1959 colaboró con el compositor Henry Jacobs en los míticos conciertos Vortex, en los que combinaban música electrónica con películas abstractas propias y de autores como Hy Hirsch, James Whitney en el planetario Morrison de San Francisco.
Center for Visual Music, tiene previsto editar este mes de abril -ya se puede reservar en http://www.centerforvisualmusic.org/JBDVD.htm- un DVD con cinco de las obras más destacadas de Belson, entre las que se encuentran, Allures (1961), Samadhi (1967), Light (1973), Fountain of dreams (1984) y Epilogue (2005). La recopilación de estos films resulta ser un recorrido por un cine de imágenes orgánicas que hará las delicias de todo aquel que este dispuesto a expandir su mirada hacia un infinito de una riqueza cromática extraordinaria.
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Institute of Contemporary Arts, Londres
Si la cultura de masas se define por algo, ese algo es su cualidad para tomar referentes del underground, convertirlos -por obra y gracia de la publicidad y otras artes oscuras-, en mercadotecnia que vende en prime time y escaparates de la Quinta Avenida u Oxford Street y borrar de un plumazo cualquier atisbo contracultural que pudiesen albergar en sus inicios. En otras palabras, el punk vende, y mucho.
Los ingleses, tan sabios ellos a la hora de saldar deudas históricas con los hijos putativos de la patria, recuperan ahora el legado de una generación que podríamos llamar 'Post Punk' o 'resaKa punK'. Hijos del underground 'made in London' convirtieron aquel tatcherismo tan conservador en el caldo de cultivo perfecto para sus provocaciones y sátiras políticas. Este es el trasfondo de la muestra que recoge el Institute of Contemporary Arts de Londres, que deja patentes los vínculos que existen entre el arte, la cultura popular y la política, en la década comprendida entre 1978 y 1988.
En plena recesión social y con el sida arreando fuerte, un grupo de artistas inclasificables y subversivos, más oscuros y provocadores que sus referentes punk, empezaron a moverse fuera de los circuitos antaño punk y hoy 'mainstream'. Jugaron con todas las disciplinas posibles, moda, cine, danza, performance, video y música; creando su propia red de actividades, eventos, economías y celebridades.
En el arte encontraron su respuesta al negativismo heredado del punk. Exploraron las nociones de género y sexualidad utilizando sus cuerpos como espectáculo y metáfora del "cuerpo social" que habitaban.`'Agents provocateurs' como Leigh Bowery o The Neo-Naturists, estos últimos reactivados de nuevo con sus 'performances' del desnudo y el feísmo. Fotógrafos como Wolfgan Tillmans, escritores como Jon Savage (England´s Dreaming), músicos como Brian Eno o Mark E. Smith (The Fall), artistas pop como Richard Hamilton o Gilbert and George (mis favoritos) o videocreadores como Tina Keane, presentes en la exposición, dejaron su impronta y un importante legado cultural a los nuevos brits y a todo ser cultural que se precie.
Todo ellos convenientemente contextualizados y retratados para la posteridad. Posteridad más efímera que nunca a día de hoy. De verdad existe el mañana? Seguro que ellos también se lo preguntaron.
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Bill Viola Museo de Bellas Artes de Granada
El paso de las horas que no se percibe en un entorno ya de por sí tranquilo. "Las horas invisibles" es la exposición del vídeo artista Bill Viola (New York, 1951) que acoge estos días el Museo de Bellas Artes de Granada, ubicado en el Palacio Carlos V del recinto de la Alhambra. En medio de un fascinante recorrido por el legado musulmán, el turista topa con este conjunto de vídeo proyecciones, que no hacen más que añadir espiritualidad y misticismo a la visita.
Al igual que en los Palacios Nazaríes, el agua es el elemento conductor de casi todas las obras. Agua como elemento vivo, vivificador, es el tema de la primera obra de la exposición: unas manos sobre las que cae un chorro de agua inagotable. Departing Angel, una de las secuencias de Five Angels for the Millennium (2001), está rodado bajo el agua, y en ella un personaje cae a cámara lenta y poco a poco vuelve a resurgir. En esta serie Viola recrea la ascensión de la muerte al nacimiento.
El tema de la muerte, esta vez sin agua, reaparece en una secuencia aislada en la muestra en la que múltiples personajes en fila y que aparecen en primer plano, uno a uno, transmitiendo una gran emoción, cada uno acorde con su personalidad o con la relación que mantenían con la persona que se supone que observan, como si dieran el pésame o de un funeral se tratara.
Sin embargo, es la obra "Emergence" (2002) la que despierta más fascinación, tal vez por sus sentimientos contenidos o por su evocación a la resurrección de Cristo. En esta vídeo proyección, dos mujeres, probablemente la Virgen María y María Magdalena, se lamentan a los pies de un féretro. De él surge entre una cascada de agua un cuerpo escultural, blanco como una pieza de mármol, al que rodean las dos emocionadas mujeres.
Bill Viola está considerado como uno de los pioneros del vídeo arte, junto a Nam Juke Paik o Gary Hill. Sus trabajos contienen una sensibilidad única por el tratamiento que le da al movimiento de la imagen y su estudio de los diversos estados de conciencia humanos. Viola se centra en la recreación de situaciones diarias, en la exploración de los sentimientos y aplica su gran conocimiento de la filosofía.
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Laurie Collyer
Normalmente antes de realizar una critica de cine -como neófito que soy- busco contrastar mis opiniones con otras que leo en internet. En el caso de "Sherrybaby" (Laurie Collyer, 2006) me han llamado la atención los dos puntos de vista completamente antagónicos que he encontrado entre los artículos de prestigiosos críticos de cine de EEUU. Esto no ha hecho más que reforzar mi opinión, pienso que la directora Laurie Collyer ha querido abrir una brecha más que un debate sobre la dramática situación que representa el personaje: la película es una clara crítica a la América conservadora y a la sociedad en la que estamos inmersos.
Sherry Swanson es una de las muchísimas jóvenes americanas que salen con la condicional de la cárcel. Después de tres años de condena se encuentra sola ante un mundo hostil e innumerables problemas: la hostilidad en la casa de acogida donde debe residir, la necesidad de encontrar trabajo, una hija de pocos años que ya no la reconoce, el dilema de una familia que no la puede apoyar -durísima crítica al padre-, y pese a todas las desavenencias con las que se encuentra, Sherry intenta, aunque carente de recursos, encauzar su vida, pero la escasa gente que puede ayudarla termina por deshacerse de ella. Al final, cayendo en una espiral, acaba afrontando la vida de la única manera que sabe, la de una adolescente adicta -es decir, lo que era antes de entrar en la cárcel-, buscando cualquier indicio de algo parecido al amor, recurriendo al sexo para conseguir sus simples propósitos y amparándose en el consumo heroína para superar su desesperación.
Una película rodada con muy bajo presupuesto durante 25 días del verano de 2004 en localizaciones de Nueva Jersey, con sesiones de rodaje emocionalmente muy intensas durante el transcurso del mismo día. Por razones estéticas y presupuestarias, la producción recurrió a una discreta ambientación que contribuyó a crear un sentido de realismo y urgencia en la película.
Y de este modo, la cinta respira Casavettes por todos lados, por la utilización de un desgarrador guión -creado en los talleres para guionistas del Festival de Sundance de 2001- que apela a un cine que se apoya totalmente en la estética de la clase media/baja americana, con celebraciones familiares en torno a la barbacoa, solitarias calles del extrarradio, pocos personajes, película sobreexpuesta, ángulos abiertos, sonido de fondo constante y, ante todo, la intensa expresión de los protagonistas -Maggie Gyllenhaal esta de Óscar, lleva completamente la película ella sola- y su desubicación dentro de la sociedad, la equivocación al tomar sus decisiones, el esfuerzo por la adaptación, la soledad y la angustia. Cine, real y duro, muy duro.
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