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Centre Pompidou. París
El pasado 5 de octubre el Centre Pompidou presentó una exposición dedicada al francés Yves Klein (1928-1962), cuyo insólito legado se anticipó a tendencias tan influyentes como el arte conceptual o el arte corporal. Impregnación, iluminación de la materia, y encarnación, son las áreas en las que se ha dividido el recorrido. Cada una de ellas, a su vez asociada a uno de los tres colores fundamentales en su obra: azul, dorado y rosa.
Yves Klein, se dio a conocer en el Salon des Réalités nouvelles, en 1955. Su carta de presentación fue un monocromo titulado "Expresión del universo de color naranja plomo", realizado con rodillo para eliminar el rastro del artista. Se convirtió en la propuesta más controvertida, epíteto que ya jamás iba a abandonarle.
Resulta esencial adentrase en su noción del color. Entendido como elemento vibrante, capaz de expandirse más allá de las dimensiones del soporte físico, al que se referirá como "sensibilidad materializada". Su conocida sentencia, "mis obras son las cenizas de mi arte", es otra de las claves básicas del universo Klein, fruto de su acercamiento al zen y a las prácticas rosacruces. Estas doctrinas confirieron a su trabajo una inclinación por transmitir el valor del factor inmaterial, de ahí la conceptualización de su objeto, desarrollado como un medio para ir más allá, para trascender lo palpable.
La herencia de este poeta visionario se forjó en la multiplicidad. Experto conocedor de los discursos de la elevación y la desaparición, creó obras sonoras; desarrolló proyectos arquitectónicos, como el de la arquitectura del aire, en la que pretendía sustituir las paredes por corrientes de aire; pintó con elementos tan cargados de simbolismo como el fuego. También patentó el célebre color IKB, (Internacional Klein Blue) y revolucionó París con la famosa le Vide, con la que trasformó el espacio de la galería Iris Clert, completamente vacío y pintado de blanco, en un espacio sensibilizado y sensibilizador, nociones directamente relacionadas con su audaz voluntad de experimentar lo intangible.
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Hasselt, Bélgica
El artista holandés Fred Eerdekens presenta por primera vez en Hasselt, la ciudad donde vive y trabaja, una exposición retrospectiva que abarca sus obras más representativas.
El trabajo de Eerdekens esta cargado de un importante sentido gráfico y visual, su obra esta marcada por la aplicación de los principios deconstructivistas postulados por el filósofo Jaques Derrida. A través de la generación de sombras y proyección de luces sobre objetos, crea lo que él define como "paisajes semánticos", donde los significados estables se tuercen y dan vuelta continuamente, y la iluminación cobra una importancia básica dentro del desarrollo de la obra.
Eerdekens trabaja con hilos de cobre retorcidos, pilas de ropa de segunda mano, maderas, árboles y plantas artificiales. En todas sus instalaciones investiga con la interacción de la luz y el paso de esta entre las formas de los materiales y la generación de un lenguaje.
Con la iluminación proyectada sobre un 'material-origen' -semántica-símbolo-, genera una 'sombra-destino' que corresponde a la deconstrucción de la primera esta vez tratada como un nuevo objeto -semiótica-signo- que aporta un nuevo sentido a la obra. De este modo, Eerdekens trata las imágenes proyectadas y las sombras que son generadas por los objetos como si fueran nuevas imágenes manipuladas, a las que añade un sentido literario que en muchos casos corresponde a una versión antagónica al significado del objeto original.
Si aplicamos un sentido filosófico a su obra, vemos que una 'obra-origen' puede tener diversas interpretaciones que dependen del punto de visión que tengamos sobre ella, y crean una relación conceptual entre el significado y la referencia de la obra.
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Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Desolados paisajes neoyorquinos que simbolizan una evolución interior. Son los lugares elegidos por la artista Ixone Sádaba (Bilbao, 1977) para ambientar su último trabajo, una serie de cinco fotografías -algunas divididas en tres o en cinco imágenes-, que hasta diciembre se expondrán en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Ciertamente, las imágenes de Sádaba transmiten sensación de soledad y de búsqueda interior, sensación agudizada por una luz mortecina aunque eléctrica que baña unos parajes casi desnudos. A diferencia de sus trabajos anteriores, "Citerón III" y "Phlegmoné", la artista ya no tiene tanto protagonismo en la imagen, aunque sigue apareciendo en ella, ya que esos paisajes neoyorquinos que pronto podrían dejar de tener el aspecto actual, están en proceso de cambio, como la vida de la propia Sádaba.
Y es que esta creadora reside en la actualidad en Nueva York, gracias a una beca que ha conseguido en el Internacional Center of Photography. En esta nueva serie, además, puede observarse lo que también se ha convertido en una marca de estilo de sus fotografías: la actitud teatral y buscada del personaje, manipulado digitalmente. Como en "Citerón", la serie inspirada en las bacanales de los dioses griegos, o las protagonistas de "Phlegmoné", ubicadas en escenarios oníricos y casi rituales.
Ixone comenzó su carrera artística en las salas de Bilbao Mina Espazio y Espacio Abisal. Posteriormente ha participado en numerosas exposiciones colectivas, en territorio nacional e internacional -Canadá, Colombia, Bégica, Francia, Argentina o México-, en PhotoEspaña y en la feria Arco de Madrid.
Las fotografías de Sádaba encabezan el nuevo programa del Reina Sofía "Producciones", organizado con el objetivo de dar la oportunidad a jóvenes creadores de exponer individualmente en el museo y sin que ellos tengan que sumir los costes de producción. Así, esta exhibición vendrá sucedida de cuatro más que han sido seleccionadas por un comité. Después de la joven bilbaína expondrán el coreano Ki Won Park, el vasco Alberto Peral, la estadounidense Amy Cutler y el argentino Leandro Elrich. Al final de este ciclo, el Reina Sofía publicará, en español e inglés, imágenes de los artistas.
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Jukkasjärvi, Laponia, Suecia
¿Puede considerarse arte un hotel construido con hielo? Según manifiestan sus promotores, "el arte es el corazón del Ice Hotel", un establecimiento hotelero situado en uno de los puntos más alejados de la tierra -en el pueblo de Jukkasjärvi, a 200 kilómetros del Círculo Ártico-, y que se caracteriza por estar construido a base de hielo. Eso sí, cada año con diferentes diseños, dependiendo de los artistas que intervienen.
Este año está previsto construir el hotel helado entre el 8 y el 29 de diciembre, ya que, al parecer, es todo un privilegio y una tradición celebrar aquí la Nochevieja, a nada menos que a cinco grados bajo cero de temperatura -fuera, la temperatura puede descender hasta los 30 grados bajo cero-. El 'material de construcción y de diseño' proviene del río Torne, cubierto por un metro de nieve la mayor parte del año.
El agua helada es la materia prima de los diversos artistas. Todavía no se ha revelado el grupo de creadores para esta temporada, aunque, sí se sabe que los estudiantes del Programa de Arquitectura de Paisajes de la Universidad de Uppsala llevan colaborando nueve años con este proyecto. El año pasado diseñaron el 'jardín' del hotel y el pasaje que conecta la recepción con el río. Así, crearon esculturas inspiradas en el movimiento del agua y en la luz del Ártico; una iglesia helada y redonda centrada en tres temáticas -el árbol de la vida y Omfalos; el ombligo del mundo y el tejido de la vida- o la suite 300, una fantástica habitación de formas orgánicas y espectacular iluminación.
Seguramente, sólo de imaginarse el Ice Hotel a más de uno se le habrán congelado las ideas, pero sus creadores aseguran que, vestidos de manera adecuada y con el frío que hace en el exterior, en este establecimiento uno se siente como en casa. A pesar de que también hay 'habitaciones cálidas', es decir, normales, se recomienda dormir en las que están fabricadas con hielo, ya que hay sacos isotérmicos que aíslan del frío. Cada una tiene un diseño diferente, o un detalle que la diferencia del resto, como la suite Matryoshka -la muñeca rusa- o la Castle on the Sand Suite 309, desgraciadamente, ya derretidas. Una experiencia heladora, aunque seguro que única.
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Iguapop Gallery, Barcelona
Tras el nombre artístico de Stanley Donwood encontramos al artista y escritor Dan Rickwood, uno de los más innovadores artistas británicos de la última década del que curiosamente conocemos más su faceta como diseñador de la imagen gráfica de la banda inglesa Radiohead, que su trabajo sobre lienzos.
Donwood empezó a trabajar en la imagen de la banda en 1994, en parte debido a su amistad con Thom Yorke, con el que estudió Bellas Artes en la Universidad de Exeter. A partir de la popularidad alcanzada con su primer trabajo "My iron lung", se convirtió en un colaborador más del grupo. Pasó a dirigir la imagen del grupo en giras, discos y algunos DVD. Dotó de un carácter innovador a la música pop inglesa, concepto que han imitado otras bandas a través de otros diseñadores como Julian Opie, Faile, Banksy o Jamie Hewlett, que forman parte del colectivo Picturesonwalls.
Los elementos visuales que predominan en el trabajo de Donwood son una amplia mezcla, con influencias de la mitología griega -la representación del minotauro-, una revisión 'post-apocaliptica', las nuevas tecnologías digitales, las adaptaciones políticas y los museos de guerra.
Desde principios de 2006 retoma el trabajo sobre lienzos de medio y gran formato, con una serie de nueve lienzos en blanco y negro en los que el tema central es la destrucción de la ciudad de Londres a través del fuego y del desbordamiento del río Támesis. Parte de la gráfica ha sido utilizada para completar el diseño de "The Eraser", el nuevo trabajo de Thom Yorke.
La exposición que se presentará en la galería Iguanapop de Barcelona -galería especializada en presentar artistas que tienen una estrecha relación con la música contemporánea-, está interesada en mostrar las obras de Donwood en formato original para poder ofrecer una visión real de las obras, muchas, portada de disco en formato reducido.
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Agustí Calvet i Pascual, 'Gaziel'
"Meditaciones en el desierto" es un libro producto de la frustración. La frustración de una persona que no puede desarrollar libremente su inteligencia, ni su lúcida capacidad de análisis, ni su cultivada educación, porque vive en una dictadura revestida de estupidez e intolerancia. Fue el caso de Agustí Calvet i Pascual (Sant Feliu de Guíxols, 1887- Barcelona, 1964), conocido por el pseudónimo de 'Gaziel'. Analista político, corresponsal de culto en la Primera Guerra Mundial y director de La Vanguardia entre 1920 y 1936, su brillante carrera periodística se truncó con la Guerra Civil y la llegada del franquismo. Este año, la barcelonesa Ediciones Destino ha reeditado esta obra, traducida por Felip Tobar.
Cuando volvió del exilio francés, Gaziel se instaló en Madrid. Era el inicio de la década de los cuarenta, y su carácter liberal y valores democráticos no encontraron acomodo en ninguno de los grandes diarios nacionales. De esta época de los años comprendidos entre 1946 y 1953, datan las reflexiones íntimas recogidas en esta obra. Son 'meditaciones en el desierto', porque en eso se había convertido la España de aquellos años: en un gran desierto político, social y cultural, donde sólo sobresalía la sinrazón de un militar que erigió un régimen "militar, clerical, más absolutista que Felipe II y más cerrado que el de Fernando VII".
En estos análisis certeros, escritos en forma de diario y que no se publicaron hasta después después de su muerte, Gaziel se desfoga. Él necesita la literatura como vía de escape para sobreponerse a la realidad de la dictadura y ajustar cuentas, aunque sea consciente de que esos textos íntimos y sin difusión no cambiarán nada.
Así, denuncia de forma especial la complacencia con que las grandes democracias europeas trataron al franquismo; lamenta la servidumbre de los intelectuales españoles más destacados del momento, y se asombra por el hecho de que un individuo como Franco, que el día en que recibió un doctorado honoris causa parecía "una especie de salero andante monumental", se hubiese podido erigir en el gobernante absoluto del país.
El resultado es un libro, en primer lugar, bien escrito, con claridad, sentido y orden. Segundo, Gaziel deja una obra contundente, reveladora del dolor de una persona al ver que la fuerza -la fuerza militar en este caso- se impone a la razón. Y, tercero, este libro demuestra que uno de los muchos reproches que se le puede hacer al franquismo es el de haber arrinconado y menospreciado a una valiosa generación de intelectuales.
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Tarántula
Comentaba Guillaume Ermer en su libro "Víctimas de la moda", que la definición del concepto 'moda' implica el nacimiento y la muerte de una tendencia, un acto que se reproduce de manera cíclica y hasta la eternidad: "Lo que hoy esta en desuso, mañana será actualidad".
El carácter 'dilettante' de los barceloneses Tarántula, que mezclan de manera dadaísta un extraño cóctel de influencias, ha originado una de las propuestas más interesantes de este año, tanto en el terreno musical como en el visual. Lo han conseguido de la manera más sencilla posible.
El primer paso, crear un colectivo con una organización tan amplia y compleja como sea posible. En este caso, recurren a una infinidad de grupos e individuos, entrelazados y apadrinados bajo algo que ya tiene una definición y concepto, el 'tarantulismo'. El segundo paso consiste en buscar dentro de anteriores movimientos estéticos la permutación más descabellada posible. La lista de referencias de estos 'tarántula' roza la genialidad, a medio camino entre Derribos Arias y Kraftwerk, en algún punto entre los Cramps y el Último de la Fila.
Sólo queda un tercer paso, activar el canal de comunicación y el uso de un mensaje actual, diferente e innovador. De una manera arriesgada, lo han conseguido con éxito, ya que el mensaje es claro y suficientemente interesante de por sí: en la página web del grupo se puede descargar gratuitamente su primer disco y de este modo tener una primera experiencia 'tarantulística'. El resultado ha sido que en un par de meses han pasado del anonimato y del 'freakismo' a estar boca de los más avispados 'coolhunters'.
Cualquier definición queda corta para describir las sensaciones que encontraremos en los 37 minutos de duración del disco, donde los sintetizadores y las guitarras 'rockabillies' crean una atmósfera que definiremos de española, siniestra y romántica, siempre que podamos encontrar un sentido romántico a títulos tan profundos como "Martillos", "Estamos en crisis", "Amarraje" o "Como un cetáceo". Una recomendación musical de lo mejor del año y además, gratis.
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Casal Solleric, Palma de Mallorca
Considerado como uno de los escultores contemporáneos más rigurosos, José María Alcover (Palma, 1950), ha sabido dar una contestación mediterránea a las premisas constructivistas -Pevsner, N. Gabo-, que junto con los vibrantes escritos de Robert Morris, C. André o Donald Judd, asimilara en sus inicios. La obra de este escultor, pese a las referencias señaladas, nada tiene de relectura, sino que nace del férreo compromiso de aportar elementos decisivos a la escultura.
Alcover se sabe mediador entre el inconsciente y la materia con la que trabaja. De esta suerte, y colmado de una recia voluntad, convierte su labor en un cuestionamiento constante, en una criba sin concesiones que deja florecer obras orgánicas que obligan al observador a mantener una lectura lenta.
El montaje transita de una forma muy dinámica -cabe destacar lo acertado de la ocupación del espacio-, a través de los últimos once años de trabajo de este escultor. Concretamente, desde su encuentro con el plomo antimonio -siempre fundamental en las concepciones de este escultor-, material doblegado hasta el extremo y que muestra sobre todo, la preocupación por la relación con la dimensión horizontal. Una dimensión que es la receptora directa de los conjuntos escultóricos. Es "el lado que no vemos el que une a la pieza con el suelo, el elemento de mayor interés".
Aparte de la que ya se ha llamado la época del plomo, podemos descubrir su experimentación con materiales como el cemento y el estaño, con los que ha lidiado durante los tres últimos años, revelando las capacidades alterables de éstos, y que en ocasiones conforman "un espacio poroso". Mediante este espacio el visitante descubre múltiples configuraciones espaciales, cuando atraviesa unas piezas densas y pesadas que no dejan de recordarnos esa gravedad de la que apenas nada nos puede librar.
En definitiva, la aproximación a una obra de carácter telúrico, contundentemente sincera y posicionada en la defensa a ultranza de la escala humana. Esa que siempre permite correr riesgos extraordinarios.
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