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Galería LipanjePuntin. Roma y Trieste
El holandés Antón Corbijn presenta en la Galería LipanjePuntin de Roma una selección de los trabajos que ha realizado en sus más de 20 años de colaboración con U2. Así, esta exposición recoge algunas de las fotografías del grupo irlandés captadas durante esos años de "amistad" y de giras: Bono tomando un desafiante baño en Nueva York con George W. Bush de fondo; U2 en la grabación del videoclip de Elevation o Bono conociendo a un Salman Rushdie desde una distancia que traspasa las buenas maneras.
Corbijn desarrolló su pasión por la fotografía desde muy joven, aunque fue en 1979, momento en que se trasladó a Londres, cuando comenzó a fotografiar a las más grandes personalidades de la escena rock y new wave. Asimismo, extendió su trabajo hacia la literatura, el cine y la moda. Esto le llevó a retratar, siempre en las poses más naturales, a estrellas como Johnny Cash, Ian Curtis, Martin Scorsese, Robert De Niro, Naomi Campbell o Bjork, entre muchos otros, algunos de los cuales se asoman a esta exposición.
Las fotografías de Anton Corbijn captan comportamientos comunes de los famosos. Intentan traspasar la imagen pública y mostrar su verdadero carácter. La austera atmósfera de las fotos; el blanco y negro y las sencillas composiciones contribuyen a ello. U2&I ha tardado unos diez años en ver la luz, desde que el holandés concibió la idea hasta que la galería italiana LipanjePuntin le ha brindado su espacio. Una oportunidad para ver a los famosos en posturas irreconocibles.
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Museum Ludwig. Köln
Rosemarie Trockel (1952) es una de esas artistas que desembocan en el siglo XXI con una consolidada trayectoria artística. Aún desconocemos gran parte de su obra, aunque se haya exhibido en los principales canales de difusión del arte contemporáneo como la Biennale de Venecia o la Dokumenta de Kassel.
Artista multidisciplinar, irrumpió en la escena artística conceptual alemana en los años ochenta, junto a una serie de artistas que en diferentes partes del mundo se cuestionaban su papel dentro de la sociedad; del propio microcosmos femenino y del mundo artístico dominado por la presencia masculina. Lejos de los radicalismos feministas de los 60 y los 70, surge una nueva visión de la mano de esas artistas, menos dramática, aunque de carácter provocador e igualmente combativo, a la que pertenecen las obras de Trockel.
La artista se sirve de géneros muy diferentes entre sí, fotografía, instalaciones, escultura, pintura, obra gráfica, textiles, vídeo, y juega con su propia imagen a veces multiplicada y otras desdoblada, para investigar, sugerir y cuestionar ese papel femenino frente al mundo e incluso frente a ella misma.
El Museo Ludwig muestra en un gran espacio una exposición que recoge los 30 años de actividad de Rosemarie Troquel, en un recorrido separado y diferenciado espacialmente en dos: sus trabajos de los ochenta, muy influidos por la obra de Duchamp y Beuys y sus obras más recientes hechas en los últimos cinco años, entre las que podemos encontrar esculturas de pequeño formato, objetos diversos, esbozos y dibujos preparatorios. A la vez, gran parte de la obra sobre papel de esta artista alemana puede verse en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile hasta mediado de marzo.
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Composición de Erik Satie. Interpretado por Alan Marks
Para tocar este motivo 840 veces seguidas, sería conveniente prepararse con antelación en el más absoluto silencio, mediante austero estatismo.
Esta precisa advertencia encabeza la partitura de "Vexations" de Erik Satie (1866-1925). Se trata de una composición para piano envuelta en un halo enigmático extensible a todo lo que rodeó a su creador. Desgraciadamente, ya es inherente a ese fulgor secreto, o una hoja de múltiples filos, el haber convertido la figura de Satie en un cúmulo de quimeras que en la mayoría de los casos tan sólo ha contribuido a desdibujar y apocar el legado del compositor.
"Vexations", que contiene 40 repeticiones, 69 minutos interpretados por Alan Marks en 1987 y un ensayo en inglés firmado por Stephen Whittington, fue concebida en 1893. La partitura es breve, tan solo consta de 18 notas seguidas de dos armonías. Para materializar la pieza debe repetirse 840 veces. Dependiendo del intérprete, la obra se extiende entre 14 y 28 horas. Para muchos es su pieza más revolucionaria. Ha sido reconocida como una composición serialista avant la lettre, antecedente también de obras Fluxus como "X for Henry Flynt" de La Monte Young.
Henri Sauguet recuperó la partitura en 1949. Se la mostró a John Cage, quien se aventuró, en septiembre de 1963, a organizar la interpretación integra de la obra. El casi perenne concierto se celebró en el Pocket Theatre de Nueva York. Los solistas, que tocaron durante 18 horas y 40 minutos, fueron, ni más ni menos, que David Tudor y Christian Wolf, entre otros. Esta ha sido la interpretación más citada, pero cuenta con antecedentes como el intento por parte del joven Richard David Hames o la más cercana, llevada a cabo en el 2003 por la Orquestra del Caos.
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Ed. Gustavo Gili, Barcelona
La editorial Gustavo Gili inicia una nueva colección dedicada al estudio del mundo de moda con el libro "Victimas de la moda." La moda es una mentira en la que todo el mundo quiere creer, con esta frase del sociólogo del Institut d'Etudes Politiques de París, Guillaume Erner, es la primera de una obra que abarca, bajo una visión casi cronológica, la historia de la moda y los efectos que produce actualmente en la sociedad.
Erner estudia en su obra el concepto de moda -que implica que una moda nace por la caducidad otra anterior, que pasa a estar demodé y así sucesivamente-; la consolidación de una marca por encima del producto; la personalidad de los grandes modistos, desde Chanel a Dior, pasando por el imperio Armani o la familia Gucci al completo.
Este sociólogo francés también habla, con un lenguaje coloquial, de las licencias sobre el brand stretching y el marketing sobre estos productos; la producción de alta costura de las grandes marcas frente a la generada por marcas de bajo coste; la producción a gran escala en países del tercer mundo; la provocación a través de la publicidad; los tiempos de vida de las tendencias y los cazadores de tendencias...
No es un secreto. A pesar de todo, el autor, desde su punto de vista como sociólogo, declara que el seguimiento de las modas es tan absurdo como el pretender vestirse para distinguirse. Al fin y al cabo, y como decía Cocteau: la moda siempre muere joven.
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Siruela, 2005
Leer a Brodsky es invariablemente leer de soslayo la dura experiencia del comunismo exacerbado que el poeta sufrió en carne viva durante sus años jóvenes, ya perdidos para siempre, y cuyas magulladuras tuvieron que acompañarle hasta el mismo día de su muerte, en un Nueva York de 1996 previo al fatalismo terrorista que inauguró la veda abierta que tenemos hoy día.
"Marca de agua" es una menuda colección de 51 fragmentos breves con los que Brodsky retrata, magistral y personalmente, una vieja Venecia cuyos cimientos se hunden invariablemente, centímetro a centímetro, bajo el peso de tantos turistas y de tanta corruptela. Si nos despistamos en exceso, ni tan siquiera nosotros seremos capaces de admirarla, formando parte segura de las hordas que, Nikkon en mano, invaden cada año sus puentes y canales.
Brodsky, amó la vieja Venecia hasta el punto de dejar patente en su testamento que sus restos fueran enterrados en el cementerio de San Michele, cosa que, de hecho, así se hizo. Viajó a su ciudad soñada en tantas ocasiones como le fue posible, siempre, por raro que parezca, en lo más crudo del invierno, cuando las variaciones del gris se extienden más allá de los canales.
Sus anotaciones huyen de los tópicos venecianos como de su misma sombra comunista. Se trata, en todo caso, de certeros comentarios sobre sus propias experiencias en la ciudad y en las que confiesa que, por más que lo intente, jamás será veneciano. Ser extranjero, casi alienígena, en todas partes forma parte, definitivamente, de su errar mundano. Prosa poética donde las haya, leer a Joseph Brodsky puede cambiarle a uno la vida. Si no es así, por lo menos siempre le quedará entre las manos un buen libro.
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Kawasaki Daisuke
Tras casi dos años en el limbo de las editoriales, vuelve a publicarse la revista japonesa Beikoku Ongaku, una revista que es más un verdadero estudio de tendencias de la sociedad juvenil nipona, donde las marcas, las celebridades, la estética transgresora y la peculiar visión nipona de la realidad americano-europea, rigen el mercado.
En un principio, Beikoku Ongaku estaba dedicada íntegramente a los jóvenes consumistas de Shibuya-ku. Sin embargo, a finales de los 90, pasó a ser un punto de referencia para toda la comunidad independiente internacional, sobre todo para el mercado musical alternativo. En otras palabras, aparecer citado en la Beikoku en 1999 era señal de contar con el reconocimiento alternativo a nivel mundial.
Kawasaki Daisuke, el editor de la revista, siempre ha sentido una gran atracción por la estética francesa de los años 60 y por los movimientos alternativos afro americanos de principios de los 80. Su afán por poder dar a conocer sus gustos le llevó a crear, a finales de 1993, el fanzine Beikoku Ongaku. Cuatro años más tarde, dado su éxito de público, se lanzó una edición bilingüe japonés-inglés y se distribuyó en las tiendas musicales más selectas del planeta. Beikoku se convirtió en un vehículo de expansión de la música independiente japonesa, superando a otras revistas muchísimo más conocidas dentro de Japón, como la revista MARQUEE -epicentro del sello readymade y de los desaparecidos Pizzicato Five-.
2002 fue el año del boom de la cultura nipona en Europa y en EEUU, pero el mercado japonés es altamente competitivo, y a finales de 2003, Beikoku, que iba por el número 22, desapareció de los kioscos. Dos años y medio después ha vuelto a reaparecer, cambiando el formato, con un rediseño en la gráfica y ampliando el número de páginas. Esperemos que sea para quedarse.
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Madrid, Ediciones Siruela, 1989 (2ª ed. 2003)
Ni está de moda ni la edición es nueva. Tal vez por eso sea aún más recomendable la lectura de un escritor perspicaz como pocos y profesional seguramente como ninguno. Pese a tratarse de una colección de textos privados, sin voluntad de publicación, el escritor de gran talla aflora en la prosa vibrante, en la retórica, en la erudición literaria; por el mismo motivo, la espontaneidad permite acceder al lado más humano del consagrado. Coincidiendo con su relación con Louise Colet, escritora mediocre y amante apasionada, Gustave Flaubert (1821-1880) escribió su celebérrima novela Madame Bovary, considerada uno de los puntales de la narrativa francesa y occidental.
La edición de Siruela presenta una selección de 168 de las cartas que se conservan fruto de esa relación, aligeradas de repeticiones y nimiedades, en un período que corresponde a una etapa convulsa de la historia de Francia, que rueda de la monarquía orleanista a la Segunda República y al Segundo Imperio. Las primeras misivas (1846-1848) resultan cargantes por la almibarada densidad del juego de quereres y desquereres. En 1851 los amantes retoman su aventura y su correspondencia, tras un viaje a Oriente del roanés, que ahora es más maduro y conduce el intercambio hacia terrenos que le interesan más, sin perderse en alambicadas protestas de amor; hasta 1855, en que ella recibe una escueta y tajante nota de ruptura.
El joven que de vez en cuando abandona su refugio en Croisset para acercarse a París y visitar a su amante o relacionarse con un mundillo literario que en general desprecia es ya un escritor profesional. Los larguísimos párrafos que dedica a describir -y lamentar- lo ímprobo de su esfuerzo al componer su Bovary ilustran la tenacidad del autor de raza, que se sobrepone día tras día al tedio y al cansancio. Flaubert abomina de la inspiración y de los sentimientos; por el contrario, basa su trabajo en horas y horas de esfuerzo, de lucha contra el lenguaje y contra sí mismo y de estudio minucioso y reiterado de los clásicos (¡cuánto admiró a Shakespeare, a Sófocles, a Cervantes!), de las lenguas cultas -muertas y vivas-, de la filosofía y de otras materias que consideraba obligatorio conocer; todo lo cual le hace reconocerse inepto para la vida familiar.
La prosa de Flaubert está, además, salpicada de una mordacidad alimentada por su enorme perspicacia y a veces rayana en el sarcasmo. La ironía y una evidente tendencia aristocratizante tiñen sus opiniones sobre política, sobre la condición humana, sobre la condición de la mujer, sobre el amor, sobre el arte y la literatura. En cierta ocasión, a propósito de su calvicie incipiente, escribe: "mis cabellos caen como si fuesen convicciones políticas". En otro punto afirma que "se hace crítica cuando no se puede hacer arte, igual que se hace uno delator cuando no se puede hacer soldado"... En conjunto, el volumen parece justificar los pareceres de Gide y Proust, para quienes el de Ruán no era tan importante por ser autor de Madame Bovary, Salambó o La educación sentimental como por habernos legado su correspondencia.
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El debate sobre si es apropiado publicar gratuitamente documentos e imágenes de autor en Internet lleva muchos años abierto. El 'copia y pega' está al orden del día, y son muchos los autores que ven agredida diariamente sus derechos artísticos e intelectuales, sin embargo, ¿quién no anhela que el conocimiento sea universal? Ese debe ser uno de los pilares que sustentan la labor de la Biblioteca Pública de Nueva York, ya que en su Galería Digital facilita el acceso a 415.000 imágenes digitalizadas de sus archivos.
Perfectamente clasificados, podemos encontrar manuscritos de autores literarios, mapas históricos, libros ilustrados y fotografías. Una de las últimas recomendaciones de la NYPL es visitar los pósters de los años previos a la Revolución Rusa. Además de ver ejemplos de artistas gráficos como Dimitri Moor o el poeta Vladimir Maiakovskii, podemos observar el cambio de pensamiento de la sociedad rusa en esos primeros años del siglo XX y ciertos carteles propagandísticos de gran interés histórico.
Otra de las exposiciones digitales mostradas es la que recoge más de mil documentos del poeta americano más relevante del siglo XIX, Walt Whitman (1819-1892). Coincidiendo con el 150 aniversario de la publicación de su obra "Hojas de hierba", la NYPL ha incluido imágenes de las anotaciones que hizo Whitman para escribirla. Son documentos originales propiedad de la biblioteca y procedentes de fragmentos salvados por los admiradores del poeta. La Galería de la NYPL propugna, sin duda, una auténtica liberalización del saber.
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Centro Cultural Sa Nostra, Palma
La segunda edición de Art Report -una muestra que empieza así, a la chita callando, a constituirse en modesta bienal- presenta al público una selección de la obra de seis artistas isleños o relacionados con Baleares: Miquel Barceló (Felanitx, 1957), Biel Capllonch (Palma, 1964), Barry Flanagan (Prestatyn, 1941), Luis Macías (Palma, 1962), Bernardí Roig (Palma, 1962) y Amparo Sard (Son Servera, 1973). Un importante y veterano artista galés que vive entre Dublín e Ibiza desde 1987, cuatro jóvenes mallorquines y una figura muy consagrada con la que se quiere añadir solidez la exposición.
De entre todas las aportaciones quiero fijarme en las de Bernardí Roig y Amparo Sard, que me parecen auténticos fogonazos de talento. Del primero, la instalación Sound Exercises (2005) abunda en la precariedad humana: el cuerpo decadente que está dotado, no obstante, de una enorme rotundidad, ya que resulta dignificado en cuanto receptáculo de una vida completa y se erige en paralelo de la derrota moral o existencial.
Amparo Sard, la más joven de los artistas seleccionados por el comisario Biel Amer, opta por trasladar su idea La dona mosca (2005) al formato DVD y al papel, a través del procedimiento de la perforación. Al margen de cierta elementalidad técnica, el desarrollo en imágenes del concepto es muy efectivo. Combinando los contados elementos que las componen -el cuerpo de la mujer, la mosca que nos inquieta y los objetos de cuarto de baño-, forma un original baile de marionetas en el que la impresión que se nos transmite con mayor densidad es la de angustia. La huida, la luz como asidero, el desagüe como amenaza o solución, la mosca como único correlato vivo de la mujer, el nivel del agua en ascenso, los cabellos revueltos, la búsqueda de un equilibrio imposible. Un complejo de sensaciones que no podemos explicar, pero sí compartir.
La muestra hubiese merecido un catálogo mejor trabajado en los textos -sólo destacaremos el de Catalina Cantarellas sobre Miquel Barceló- y en su realización material. No obstante, podemos hablar de una cita en el futuro imprescindible.
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