Durante los próximos meses, el Design Museum de Londres mostrará los trabajos realizados por Javier Mariscal a lo largo de sus 30 años de trayectoria profesional. Es uno de los diseñadores más innovadores actualmente, del que nos fascina la facilidad con la que aplica su sello personal a todos sus trabajos.
Mariscal posee una capacidad innata en su carácter creativo que se potencia aun más al aplicarse a una gran diversidad de elementos. Su versatilidad y polivalencia se muestran bien creando personajes o mascotas, identidades corporativas, mobiliario, colecciones textiles, cerámicas o películas... El buen diseño no nota el paso de los años y los trabajos de Mariscal poseen la característica de ser actuales, y, en definitiva, atemporales.
Las salas del Design Museum recrearán un entorno que pretende sumergir al visitante dentro del mundo y la mente de Chavi Mariscal, la sucesión de personajes creados por el artista, bocetos y dibujos, obras artísticas y objetos de uso cotidiano, muebles y productos, fotografías y películas.
La intensa relación con el dibujo y la ilustración se ha convertido en la base de los diseños de Mariscal, ya desde sus inicios marcados por la ilustración y el cómic. Ha pasado por los diseños geométricos de carácter ochentero que han derivado en la creación de un estilo único, optimista y mediterráneo que culmina con la identidad visual de los JJOO de Barcelona 92.
Tras un breve periodo sabático, vuelve a mediados de los noventa, estrechando lazos con su ciudad natal, Valencia. Rompió con todas las normas del diseño y buscó nuevas bases para consolidar su diálogo. Realizó colaboraciones continuas con grandes marcas textiles, recreó espacios donde las personas pueden sentirse participantes en un entorno tan agradable como fascinante, colaboró activamente en defensa de la globalidad y de los recursos del planeta.
Pero lo que podremos encontrar en Londres será tan solo la parte retrospectiva del Universo Mariscal, y como todo buen universo, éste cada momento se expande y expande... y nunca dejará de crecer.
CCCB / La Casa Encendida Hasta el 6 de septiembre / 2010
Algunos hemos tenido que enterarnos de cómo surgieron los verdaderos quinquis a través del cine. Ellos, como todo, también han evolucionado. Si hoy no son lo que eran, es cierto que entre 1978 y 1985 vivieron su apogeo y aterrorizaron a la ciudadanía. El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona ahonda, desde un punto de vista sociológico, en el surgimiento y desarrollo de esta forma de vida en la exposición "Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle".
Causas. Los barrios de chabolas y algunos barrios creados en los 70 para aglutinar a las personas más marginales de la sociedad fueron caldo de cultivo para la proliferación de los delincuentes juveniles. La Mina, en Barcelona, Ocharcoaga, en Bilbao, o San Blas, en Madrid, aglutinaron a chavales de la peor calaña.
Eso, unido a la exclusión del sistema educativo de los adolescentes, contribuyó a generar malas compañías, robos, trapicheos varios y enganche a las drogas. El CCCB presenta una amplia selección del cine que, en aquellos años, mostraba la realidad de la mano de los propios quinquis, que protagonizaron películas como Navajeros, Colegas, El último viaje, Deprisa Deprisa -película dirigida por Carlos Saura y que obtuvo el Oso de Oro de Berlín en 1981-, La estanquera de Vallecas, Yo, el Vaquilla... y una larga lista.
Es, precisamente, a través de fragmentos de esos largometrajes, como se nos muestran los diversos aspectos de la vida quinqui -especialmente estremecedoras son las imágenes en las que unos chavales se inician en la heroína-, pero también a través de la prensa y de la música. Una de las cosas que más llama la atención es el foco que ponía la prensa de aquellos años en los "quinquis celebrities", que aterrorizaban a los ciudadanos al tiempo que fascinaban sus historias de destrucción, marginación, delitos...
La parte dedicada a la "calle" es la más trabajada y realista de la exposición. Una barra de bar con una jukebox con la banda sonora quinqui: Los Chunguitos, Los Chichos El Fary, Camarón, Las Grecas, Burning... o una sala de recreativos... una muestra digna de ver aunque sea por la capacidad de llevar un tema tan peculiar y social a un centro de arte moderno.
Lejos de ser un libro de cocina al uso, a pesar de las muchísimas fotos de platos que aparecen, esta nueva obra del catalogo de Actar, es una reflexión sobre el estrechamiento de vínculos entre el arte y la cocina del más prestigioso restaurante de Cala Montjoi. "Comida para pensar" transmite una imagen altamente emocional, una serie de testimonios, textos y debates generados alrededor de las experiencias de artistas, chefs, galeristas y personalidades del mundo del Arte que han visitado el taller restaurante en los últimos 20 años.
Del mismo modo, este libro recoge los pormenores de la intervención de Ferran Adrià en el Documenta 12 de Kassel, recogiendo una amplia selección de textos teóricos que pretenden acercar al lector a la filosofía de elBulli.
El libro surge a raíz de una conversación informal entre Richard Hamilton (el padre del pop-art), Vicente Todolí (director del Tate Modern de Londres) y Ferran Adrià, que exponen la intención de descifrar los procesos creativos del proyecto gastronómico-artístico. Además de contar la experiencia del Documenta, se cuestionan los límites de la creatividad, el lenguaje, el arte y sus diferentes medios de expresión. El intento de delimitar -o quizás borrar- las fronteras entre la cocina y el arte.
Este libro marcará un punto de inflexión en la historia de elBulli, galardonado con 3 estrellas Michelín y después de cuatro años siendo reconocido como el mejor restaurante del mundo, Adrià asiente que sólo una revolución drástica dentro de elBulli sería capaz de hacerle avanzar en su intención de avanzar, descubrir nuevos platos y romper con los parámetros creativos conocidos, del mismo modo que cambia con su trabajo diario las normas que rigen el mundo del arte.
Obviamente algún día tenía que ocurrir. Son esas cosas que tarde o temprano pasan y siempre, deseamos que, ya que deben suceder, caigan en las mejores manos posibles... Ya lo dicen: Nueva York no sería lo mismo sin The New Yorker, la revista que marca el ritmo de la ciudad y -de allí- la cultura de todo Occidente. Barcelona, tarde o temprano debía tener una revista dedicada a ella, escrita con pasión, con elegancia y con cariño, con complicidad y que refleje perfectamente el carácter de la ciudad.
Una revista que invita a disfrutar la ciudad a través de los sentidos. Se lee, se oye, se huele, se toca, se saborea. Ya no solo con la cuidada calidad de su edición papel, si no a través de Internet -existe la posibilidad de participar en un blog y en redes sociales-, o mediante las canciones que grupos de la ciudad cederán en exclusiva para acompañar cada número.
Existen varias revistas dedicadas a la cultura y a las tendencias, pero faltaba una que transgrediera los límites de la actualidad y convirtiera a la ciudad en protagonista. Una revista hecha para que los ciudadanos conozcan mejor el espacio en el que viven, esos rincones que, como tesoros, pasan desapercibidos y que casi siempre quedan por redescubrir, o incluso del mismo modo, para la gente que sienta un vínculo con la modernidad, la cultura, o cualquier tipo de relación próxima con la ciudad.
Barcelonés es una revista que ofrece diversas lecturas. Una primera más visual, la segunda más selectiva y una tercera de contenidos, ideal para leer mientras se saborea un café en cualquier terraza. Cuenta con un largo número de colaboradores que ofrecen su particular visión del mundo que nos rodea.
Por buscarle un defecto, podemos decir que el único inconveniente que tiene la revista es la periodicidad, semestral, demasiado extensa cuando el lector, recién acabada la lectura, quiere tener más... para no olvidarme de la salida del próximo número he decidido suscribirme, sólo por evitar disgustos.
Quien no pueda aguantar tanto tiempo, puede recurrir a la búsqueda de Madriz, su revista/hermana mayor, aparecida hace un año. La ciudad no es la misma, pero el placer de la lectura es idéntico.
Durante este fin de semana se celebra en Donosti la séptima edición del Amstel Surfilm Festival, con la participación de cintas venidas de todos los rincones del mundo. Huyendo del típico cine comercial, las películas y cortos proyectados dentro de este festival reflejan la visión más cercana posible a la realidad, narran de manera muy fidedigna las experiencias de todo lo relacionado con el surf.
No es un festival de estrellas cinematográficas al uso, el único protagonista son las olas y los VIP pasan totalmente inadvertidos entre el público. De cualquier manera, es la mejor forma de acercarse a la verdadera visión del surf, no sólo la típica estampa de la costa californiana, sino descubrir como se practica este deporte en lugares tan dispares como Cuba, India, Portugal o la costa norte irlandesa.
Tras los primeros años, se han asentado seis premios en las distintas categorías del festival: Mejor película del Jurado, Mejor película del público, Mejor película de Medio Ambiente, Mejor corto de animación, Mejor cortometraje y Cine Vasco.
Pero el Surfilm Festibalia dentro de su programación incluye, además, exposiciones de fotografía y pintura -"Surfbanismo: La ciudad y el mar, Arquitectura y olas"-, un concurso de cortometrajes -muchos de los cuales se pueden ver por Internet a través del canal Oficial en Dailymotion-, varios conciertos, actividades de campo tales como concurso de fresbee, campeonato de Planking, o diferentes demostraciones de productos y exhibiciones.
El fenómeno Bollywood ya lleva unos cuantos años avanzando posiciones en la actualidad cinematográfica mundial. De hecho, la India es la primera industria en volumen de producción, por delante de EEUU y tras el éxito de la oscarizada Slumdog Millionaire -que sólo hace un homenaje al género indio en la escena de baile final- queda patente que cada vez tiene más peso.
Es una de las razones por las que el MoMA de Nueva York dedica al cine indio un ciclo llamado The New India en el que se están proyectando 16 películas y cortometrajes contemporáneos así como ocho estrenos en teatro. El ciclo abarca algunos de los géneros de ficción y documental del cine indio.
Algunos de los directores que presentan sus películas son, entre otros, Naseeruddin Shah, Nandita Das, Abhay Deol o Megan Mylan, la ganadora del Oscar por el Mejor Documental en la 81 edición de los Oscar por la obra "Smile Pinki", sobre cómo cambia la vida de esta mujer en un hospital que provee de material quirúrgico gratuito para operar las deformidades de niños.
El largo "Yes Madam, Sir", dirigido por Megan Doneman, inauguró el ciclo con su protagonista. Kiran Bedi, la primera mujer policía de élite, es una de las figuras más polémicas y controvertidas de la India por su lucha contra la corrupción, burocracia, sexismo y prejuicios. La voz de Helen Mirren nos conduce por la vida de esta mujer, también presente en Naciones Unidas.
Bollywood también tiene su hueco, con la proyección de tres largos comerciales, Jodhaa Akbar, un romance histórico dirigido por Ashutosh Gowariker; Luck by Chance, de Zoya Akhtar y Oye Lucky! Lucky Oye!, una aguda sátira de la cultura de Nueva Delhi, de Dibakar Banerjee. Por su parte, The Voyeurs, la película del reconocido internacionalmente, Buddhadeb Dasgupta, es la representación del cine bengalí, con este film sobre la ansiedad urbana, los deseos reprimidos y el voyeurismo.
La dramática realidad de la India actual no podía faltar en el ciclo: explotación infantil, sida, manifestaciones o tribus desarraigadas. Películas de Chapour Haghighat -The Firm Land-, Nandita Das -Firaaq- o Roots, del padre Joseph Pulinthanath, sobre el levantamiento de las tribus en el noreste de la India.