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22 junio al 19 septiembre Museo del Prado. Madrid
Se me antoja difícil sino imposible que alguien no se haya topado alguna vez con un paisaje de Turner pero seguramente muchos no sepan que era suyo y piensen que era de Rembrandt, Rafael, Constable, Canaletto, Ruysdael o Gainsborough. También puede ocurrir que ante el gozo de su arte uno pierda el sentido a la manera de Stendahl y ni se acuerde de lo que ha visto, como me ocurrió a mí al ver por primera vez Rain, Steam and Speed (1844) (cuadro que desgraciadamente no está en la exposición).
La figura de J. M. W. Turner (1775-1851) es tan basta que asusta: estudio de los clásicos en sus comienzos, búsqueda de estilo, desafíos y versiones a contracorriente de temas consagrados por sus antecesores, y competitividad con sus coetáneos todo en una misma vida. Reconocimiento en las élites y éxito comercial no exento de comparaciones amargas y críticas veladas a su arte más avanzado por parte de los miembros de la Royal Academy y los simpatizantes del Grand Style. Todo un hombre de su tiempo.
A pesar de lo ambicioso de la exposición se echan en falta más obras de su última etapa donde experimentaba con las formas aportando gran intensidad pictórica a temas alegóricos tan manidos como el diluvio universal o Moisés escribiendo el Génesis.
Sin embargo la muestra nos permite contemplar por primera vez en Madrid muchos de sus hallazgos y tesoros además de los clásicos referenciados sumando un total de 80 obras. Entre ellas destacan sobremanera las siguientes pinturas:
La calmada interpretación del entierro de su amigo y gran pintor escocés David Wilkie (otro de los grandes aún por revelar al gran público) en Sepelio en el Mar. La majestuosidad y profundidad de Palestrina-composition aplicada al revisionismo clásico. La réplica respetuosa a Claudio de Lorena y su Puerto con el embarque de Santa Úrsula (1641) con la luminosidad, perspectiva y detallismo emocional de El Declive del Imperio Cartaginés y la calma contenida en un instante de Arenal de Calais donde imparte una clase de cómo tratar la luz y su reflejo más allá de los cánones establecidos ampliando la paleta de colores hasta confundirlos de manera evocadora y mística.
Si tienes un hueco en tu agenda estival no te olvides de pasar por El Prado antes del 19 de septiembre porque tus sentidos te lo agradecerán.
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Antología heterónima AA.VV. Ed. Casabierta
Año 1997. Palma de Naranja bajo un cielo nublado. Las trayectorias vitales de diversos individuos se entrecruzan trazando un esquema que, a primera vista, se asemeja a las maniobras estándares de cualquier paseante de la ciudad que ejecutara una existencia al azar. Sin embargo, si el interesado observa con atención, las líneas revelan movimientos sospechosos e inéditos que se le desvelarán, tras minuciosa investigación, como tráfico clandestino de sueños, comercio de nubes.
Desde su primer número, editado en octubre de ese mismo año, la atención del fanzine Las màquines de Leonardo recae sobre textos literarios que de una manera u otra llegan a este gajo del mundo a través de vías ajenas a modas imperantes y comercialismos. Su modus operandi está en consonancia con sus intereses: la gratuidad del mismo, unido a las memorables presentaciones de algunos de sus números, al exotismo de los expositores y a las mismas señas de contacto (correspondientes a un restaurante de comida oriental con cuyos empleados mantuve en una ocasión una extravagante conversación de la que creo que mi estómago fue el único que sacó algo en claro) e información legal (falsa, como en todo fanzine que se precie), convierten a la publicación en toda una declaración de intenciones.
13 años después de aquel cielo repleto de nubes, Casabierta publica, en impecable edición, una selección de 13 números dedicados al relato y al poema. Si bien el conjunto de textos consigue reflejar ese universo heteróclito que entienden los responsables de Las màquines de Leonardo no ya como literatura, sino como condición o proceder vital, los escritos presentan muy diversas calidades; echa en falta el lector algunos números no incluidos al tiempo que reprueba otros que el volumen contiene.
Los textos, como los nombres de sus autores y a veces su misma existencia, son juegos de espejos, disfraces que visten a diario, en su camino hacia el Café Central, por entre las calles de un laberinto de piedra que reinventan en cada jornada en nuestra -repleta de nubes para su comercio- Palma de Naranja.
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Chk Chk Chk
!!! o Chk Chk Chk o cualquier cacofonía divertida que se te ocurra confirman algo que piensa mucha gente, yo incluido. Las bandas norteamericanas, sean yankees o canadienses, tienen más experiencia en directo, se han pateado más bares de mierda, llevan tocando mucho tiempo antes de ser conocidas (a veces hasta han sacado 4 discos antes de llegar a oídos del público potencial indie), y ofrecen una actitud más cercana al hecho musical, sin imposturas ni poses, con sentido y coherencia. Tienen más argumentos para defender su propuesta que las bandas del Reino Unido (sus competidoras en los charts), acostumbradas al hype antes del hype.
Todo viene a cuento de los 14 años que Chk Chk Chk llevan tocando y parece que fue ayer cuando editaron la maravillosa y crítica 'Me & Julianni down by the schoolyard'. Eso fue en 2003 y después de 3 discos tan buenos como '!!!', 'Louden up now' y 'Myth Takes' y sus incendiarios directos (Nic Offer es el frontman más desenfadado, vital y divertido de la actualidad) se han consolidado en el altar de las bandas indies con pedigrí a base de directos como los del Fib o el Summercase.
Quizás ha pasado mucho tiempo (3 años) desde su disco anterior y el inminente 'Strange weather, isn't it' (23 Agosto en Warp) ha llegado por la puerta de atrás, sin apenas promoción ni ruido. Pero ha llegado para quedarse.
El video de su single de adelanto 'AM/FM' es toda una declaración de intenciones: collage colorido psicodélico más ácido que la Roland 303 que los emparenta con la psicodelia mad-chesteriana, especialmente con los Happy Mondays (incluso Black Grape) y The Stone Roses. La sospecha se confirma según avanza el disco.
Definitivamente más pop y psicodélico, con un punto trance muy agradable pero menos progresivo y extremo (los temas han pasado de durar 8 o 9 minutos a 4 o 5), y con menos pegada en la base rítmica. Menos es más o la sutilidad al alza. A algunos les parecerá que no hay singles a la altura de 'Pardon my freedom','Heart of hearts' o 'Must be the moon' pero se equivocan.
El single 'Am/Fm' marca las señas de identidad del álbum: dance funk ácido planeador de inspiración pop. 'The most certain sure' no desentonaría en el catálogo canalla de Gomma Records y podría ser el segundo single. 'Wannagain, Wannagain' ahonda en la sensación pop con ramalazos de buen funky. 'Steady as the sidewalk cracks' sube y baja recordando vagamente los acordes africanos tan en boga en bandas como Vampire Weekend o Foals pero enriquecidos por un saxo trotón de los buenos, crescendo incluido. 'Hollow' apunta maneras hip hop que remiten a los primeros años de Stereo Mc's. 'Jump back' y 'Blue' remiten al francés Colder (¿dónde estará?) por las atmósferas y colchones pero sin renunciar al baile. 'The Hammer' (el martillo) como su propio nombre indica es la más electro del lote y 100% pinchable. Y no me olvido de 'Even Judas gave Jesus a kiss' que pide a gritos una remezcla de Lindstromm en clave space-disco o de el tono synth-disco de 'Made of Money'.
Me dejo algún tema pero de verdad que todo lo bueno que hay que decir de este disco está dentro y esperando a ser disfrutado, pero si puede ser con auriculares orejeros mejor que mejor.
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9 junio al 25 julio Madrid
Cuantas veces hemos parpadeado a destiempo, o quizá hemos mirado a otro lado, justo en el momento de máxima tensión de un partido o al cruzar la vista con unos ojos sedientos de aventura, o simplemente hemos apartado voluntariamente el ojo en el momento que un objeto va a impactar en la cara de alguien en un video en la red.Sea lo que sea el movimiento es algo relativo y dado a tantas interpretaciones como ojos haya.
Photoespaña 2010 abarca aquellas propuestas visuales que ahondan en la relación directa de la fotografía con el tiempo y el movimiento, su ausencia dinámica, el tempo, el antes, el después, el entorno cambiante, la intimidad y lo público, el humor y el amor, la posibilidad y la potencia, todo en una imagen congelada.
Es imposible abarcar todos los vértices del festival pero alrededor del eje de la Castellana encontramos propuestas de la sección oficial donde perderse y refrescarse en el caluroso verano madrileño. Aquí algunas muestras.
Teatro Fernán Gómez. Entretiempos, instantes, intervalos, duraciones. Erwim Wurm expone la serie Esculturas de un minuto donde fotos de pequeño formato conforman un mural donde la imaginación y el humor se dan la mano. Posturas imposibles, sujetos escondidos, objetos como juegos, desafíos cotidianos y domésticos que te arrancan una sonrisa al pensar que fácil puede resultar congelar una idea en el tiempo.
Casa de América. Adriana Lestido. Amores difíciles. Honesto acercamiento a la maternidad y sus pliegues (los menos recorridos, abandono y vejez) en la serie Madres e hijas realiza un seguimiento de varios años en el día a día en la vida de 4 parejas de madres e hijas. A destacar el montaje en la planta baja con banda sonora de acompañamiento de Cesária Évora, Pixies o Kilo Veneno. Sentido como pocos.
Sala Alcalá 31. Juergen Teller. Calves & Thights. El prolífico fotógrafo alemán de moda y provocador nato (aunque no es Terry Richardson) exhibe series de su familia, iconos adictivos como Charlotte Rampling desnuda, octopussy, modelos púberes aún en ciernes, retratos de su hijo y en general muchos portofolios de su trabajo para Marc Jacobs con famosos como Victoria Beckham (o mejor dicho, sus piernas). Irreverencia y moda en el mismo plato.
3 consejos que no son absolutos porque sigue quedando el Off Photoespaña en pequeñas galerías, exposiciones requeteaireadas como la de Manhattan del Reina Sofía o el ciclo de fotografía en el cine que ofrece la Filmoteca Española Cine Doré.
Prescripciones: recuerde hidratarse y descansar. No es el Fib pero desgasta.
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Gertrud Kolmar Ed. Errata Naturae 105 págs.
Susanna está enferma. Entre ella y la realidad se abre una brecha con profundidad de abismo. Su imaginación desbocada interacciona con el entorno como si todo a su alrededor formara parte de un sueño, de un cuento de hadas.
Corre el peligroso año 1939, y Gertrud Kolmar, judía residente en Berlín, ciudad que se resiste a abandonar, escribe su último libro. Susanna es una personificación de la locura ambigua que infecta a Europa, su final es abrupto y trágico como el término de una guerra cruel, su razón de ser posee parcialmente su inicio en la ingenuidad del dispositivo y en su animalidad.
Susanna, último libro de su autora, fue escrito durante noches negras, al cobijo de la frágil intimidad que le proporcionaba el sueño ajeno, bajo el techo de una casa compartida con otras familias judías. Dos años más tarde, era deportada a Auschwitz, donde murió.
Entre la novela corta y el cuento, el libro esboza la relación que se establece entre una joven perturbada y su institutriz, para hablar a partir de ahí de la inviabilidad eventual del sueño y del amor. El papel de la educadora es un mero mecanismo al servicio del desarrollo del personaje protagonista, construido mediante la palabra con una sensibilidad extrema.
Prima carnal de Walter Benjamin y admirada por este, Gertrud Kolmar es autora de novelas, poemarios, ensayos y obras de teatro, en los que se reflejan tanto el malestar y la cerrazón de la Alemania nazi como el sufrimiento ante la imposibilidad del amor.
Susanna estrena la colección Los papeles de Sefarad, centrada en la literatura judía, iniciativa de la Casa Sefarad-Israel y de la editorial Errata Naturae.
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Yossi Milo Gallery Hasta el 18 de Septiembre
Desde finales del siglo 19 hasta la actualidad, en la mayoría de hogares de las zonas rurales del norte de Brasil existe la costumbre de conservar en las mejores habitaciones de la casa varios retratos de familiares, originalmente eran fotografías en blanco y negro, que tras el proceso de revelado y ampliado eran pintadas por verdaderos artesanos especializados a tal efecto. Esta técnica se hizo común debido a que estas fotografías no poseían en la mayoría de los casos la suficiente fuerza dramática, y tras el pintado se conseguía darle al retratado un carácter icónico incluso en algunos casos un carácter santificado. Utilizando aceites tintados o pinturas acuareladas se consiguen embellecer las ropas, alisar arrugas, agregar joyas o texturizar fondos.
Pero con los avances tecnológicos de los últimos 25 años han hecho que estas técnicas entren en desuso, y se ha convertido en una rareza de la región, donde los artesanos ya casi no pueden adquirir el material necesario para trabajar en el proceso. Actualmente la mayoría de los retratos están siendo generados mediante técnicas digitales y son procesados y retocados a través del ordenador, perdiendo el encanto original y el estilo individual aplicado por cada artista.
El europeo Tito Riedl ha vivido en la zona noroeste brasileña desde 1998 realizando una investigación académica sobre el retrato de los muertos y la preservación y documentación de la memoria cultural, se ha dedicado a buscar y coleccionar muchos de estos retratos realizados en diferentes épocas y utilizando múltiples técnicas diferenciadas. Una selección de 150 retratos anónimos de la colección personal de Riedl están expuestos en la galeria Yossi Milo en la ciudad de Nueva York hasta el dia 18 de Septiembre.
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Albertina Museum, Albertinaplatz 1. 1010 Viena hasta el 29 de Agosto
En Otoño de 2009 el artista americano Alex Katz donó gran parte de su obra gráfica al Albertina Museum de Viena, tras el trabajo de organización y preparación del catálogo, en verano de 2010 podemos ver una selección representativa de las obras de este pintor, algunos de sus más conocidos trabajos realizados desde la década de 1960 hasta el presente. La muestra comprende 150 piezas en diferentes formatos: pintadas sobre lienzo, impresas en papel, silueteadas sobre madera y trabajadas en aluminio.
Alex Katz, de ascendencia rusa, nació en 1927 en la ciudad de Nueva York. Su obra se inspira únicamente en el arte comercial, en los carteles vanguardistas franceses de principios de siglo y en los pintores realistas norteamericanos del periodo de entreguerras, el retrato adquiere una gran importancia en su obra, los personajes que aparecen en ella son pertenecientes a una sociedad modestamente acomodada, sujetos reservados y tranquilos, dotados de un aire de indiferencia, racionales y sensuales, casi estáticos. Del mismo modo, gozan de un cierto optimismo debido al tratamiento de los colores vivos y a las amplias superficies de color plano y brillante que predominan en sus cuadros. Este interés por plasmar la fidelidad de la figuración hizo que muchos críticos en un principio lo considerasen uno de los precursores del popart, a pesar de que su concepción artística dista tangencialmente de los principios básicos de esta tendencia.
Durante su carrera, el artista va desarrollando sus conocimientos de impresión, trabajando sobre todo en impresión serigráfica, aguatinta y litografías, en busca de un minimalismo extremo en el que ni tan siquiera se note el trazo de las pinceladas o que no quede ningún detalle que recuerde el proceso de impresión. A medida que pasan los años sesenta, el Katz va profundizando en el hiperrealismo en la busca de un nuevo sentido a su obra: opta por trabajar sobre superficies lo más pulidas posibles, intentando eliminara cualquier tipo de huella pictórica, obtiene una técnica cuyo proceso es muy parecido a la pintura al fresco.
A partir de la década de los 80 empieza a trabajar con paneles de grandes dimensiones, sobre estos paneles, busca sintetizar la ironía de la alegría de vivir en una década marcada por el odio y la despreocupación. Los personajes revelan una elegancia exquisita, colorida y espectacular, totalmente ficticia.
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Enero de 2004
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